A principios de los años setenta se me encomendó realizar dos trabajos de carácter histórico, sociológico y político: uno sobre la Revolución Liberal de 1871 y el otro sobre la Revolución de Octubre de 1944. Al realizar las investigaciones y análisis, ambos sucesos me presentaron sorpresas e incluso hechos desconocidos.
Al paso de los años, vuelvo sobre el camino, para observar con detenimiento los acontecimientos del 44 y sus proyecciones hasta la actualidad y no analizo lo que se ganó en conquistas sociales y su trascendencia histórica, sino lo que perdió el país por la contrarrevolución extranjera gringa de 1954 que derrocó al coronel Jacobo Arbenz Guzmán.
En efecto, la revolución del 44 logró quizás lo más trascendente, que se unieran, casi milagrosamente, los diferentes estratos guatemaltecos: ricos con pobres (particularmente la aristocracia criolla y los campesinos y obreros sindicalistas) y lo que pareciera insólito: los civiles y los militares, al extremo que en el Paraninfo Universitario, Manuel Galich, el “verbo de la revolución” entregó una plaqueta en nombre de la AEU al Ejército Nacional que fue representado ¡Imagínense!, por el entonces capitán Carlos Castillo Armas. Vueltas que da la vida diría Oscar Clemente.
¿Pero qué pasó después? En el 54 los gringos y mercenarios empezaron el doloroso peregrinaje que hasta la fecha ha tenido el país en dos aspectos fundamentales: SE PROVOCÓ EL PROCESO DE DESUNIÓN DE LOS GUATEMALTECOS Y SE PROSTITUYÓ EL SISTEMA POLÍTICO.
Ambos hechos siguen siendo paradigmas del país. Observe usted, observe cualquier ciudadano como se encuentra de fragmentada nuestra sociedad en clases, grupos, castas, entidades, asociaciones, fundaciones y sociedades de fachada, etcétera. Lo que antes solamente sobrevivía con una confrontación entre “ricos” y “pobres” ahora surgen figuras que se creían parte del pasado como la “discriminación” que se da no solo para los indígenas, sino también para los llamados “ladinos” que en muchos lugares son vistos con odio y frustración de los otros, ya sea por el color de la piel por ser “chancles” o por sus posesiones. Y esa desunión se da también entre guatemaltecos que se encuentran en similares condiciones, distinguiéndose pequeñas o grandes diferencias que nos alejan cada vez más de nuestra propia nacionalidad,
Esta desunión es visible en todo tipo de organizaciones sociales. Sindicatos débiles encabezados por dirigentes inmorales, asociaciones de estudiantes divididas y confrontadas por la ambición personal de sus dirigentes, el surgimiento como hongos de organizaciones sociales que tratan de extraer dinero de ilusos “cooperantes extranjeros”, etcétera.
Cuando se derrumbaron los logros y sueños del período 1944-1954 empieza la putrefacción del Estado con un magnicidio, el de Castillo Armas, asesinado por sus mismos “compañeros”, luego se empiezan a instalar los gobiernos corruptos, surgen los fraudes electorales y surgen los partidos políticos, sin sustento ideológico, sin carácter de institución representativa de sectores de sociedad y se convierten en empresas que tienen por objeto producir un presidente afín a los intereses financieros de él y de sus allegados.
Empieza en 1956 la sistemática destrucción moral, ética, intangible del sistema político y se crean dirigentes de papel. Surge una guerra de 36 años, una posguerra de enfrentamientos cada día más peligrosos para la estabilidad institucional y una notoria militarización de la sociedad.
Si la guerra totalmente estúpida impulsada por Cuba, Rusia y China por un lado y los Estados Unidos por el otro nos dejó tanto dolor, la posguerra son los daños colaterales que estamos pagando y que seguirán pagando las futuras generaciones porque tal parece que es una tarea imposible revertir un proceso de descomposición social que no se detiene.
Sesenta y ocho años han transcurrido del nacimiento de una nueva percepción del país que solamente duró 10 años. El problema más grave es que quienes estamos pagando el que en 1954, los gringos y sus aliados hayan apagado un fuego vigoroso de nacionalidad, somos solo nosotros, los guatemaltecos.