El pasado jueves 11 dio inicio a nivel mundial el Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI en coincidencia con el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y el 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Cuando el Papa anunció este año de la Fe, indicó que su intención es “dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas, a la amistad con Cristo que nos da su vida plenamente.”
El Papa también observó en su Carta Apostólica Porta Fidei o Puerta de la fe que, “el Año de la Fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo.” Y que “Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados.”
“La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado.” Dice también el Papa en la Porta Fidei.
Este Año de la Fe es una gran oportunidad para los creyentes cristianos, católicos o no católicos, para encontrarse a sí mismos y en su interior, encontrar también a su Creador. Una gran oportunidad de su fe, que es la confianza o esperanza firme que se tiene en Dios y que se debe reflejar de forma positiva en todas y cada una de las acciones de nuestras vidas.
Todos los cristianos podemos aprovechar durante este año, las herramientas catequéticas que la Iglesia ha puesto y pondrá a disposición de los fieles para su formación y crecimiento espiritual. Esperando que, como dice el Papa en la Porta Fidei a manera de conclusión, “este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.”
Lo interesante, es que este llamado a fortalecer nuestra fe, puede no sólo dirigirse a los creyentes cristianos. Miembros de otros credos y no creyentes también pueden aprovechar este tiempo para fortalecer su fe, iniciando por la confianza en sí mismos que es básica para crecer como seres humanos y ser mejores cada día. Nuestro país necesita ciudadanos más seguros de sí mismos, que acepten con valor los retos que la vida les pone en el camino.
Comparto esta nota especialmente con aquellos buenos diputados que aún hay en nuestro Congreso y que el sistema y los malos elementos, se han encargado de esconder. No tengan miedo, fortalezcan su fe en la patria y en sí mismos, apóyense en los ciudadanos y hagan siempre lo correcto. Y si son creyentes, no dejen nunca de buscar estrechar su relación con Dios nuestro Señor que es quien puede, en los momentos más difíciles, darles el valor que haga falta para enfrentarse al mal y a sus obras.