Los enemigos no son las personas, sino las clases, me decía un funcionario hace poco. Y en una conversación informal, de esas en las que se puede decir más de lo que normalmente se hace en una entrevista cualquiera, sale a relucir cierto tipo de información que de a poco dibuja el panorama político del país de una manera más amplia. Y ciertamente que ese panorama está fundamentado principalmente por bases económicas.
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Dentro del Gabinete de Gobierno existen grupos, evidentemente, y cada cual trata de empujar, desde su punto de vista, los elementos que considera adecuados desde la percepción de país que tiene. Hay uno de militares, otro de empresarios y uno más orientado a la realidad social de Guatemala.
Cada grupo, con su visión, trata de llegar a consenso con los otros para impulsar los programas que el Gobierno propuso antes de ejercer el poder político, sin dejar de lado sus propios intereses desde el punto de vista de su convicción. Se pensaría, sin embargo, que de acuerdo a la historia del país, deberían ser empresarios y militares los que más habilidades para dialogar tuvieran entre ellos. Pero, parece que no. En la mayor parte de casos, son los grupos que podrían considerarse como socialdemócratas los que tienen mayores puntos de encuentro común con los militares.
Y es que lo militares sí tendrían una visión de país, me decía el funcionario –y no digo que sea la correcta- cimentada en mayor medida que los empresarios. Porque ya gobernaron. Ya ejercieron el poder. Lo han hecho antes y sabrían por dónde orientar al Gobierno. Otro caso serían los empresarios, que consideran que efectivamente las fuerzas del mercado son las que lograrán de Guatemala un país diferente que apunte al desarrollo. Y de verdad que lo creen.
¿Y a qué viene todo esto? Pues que efectivamente, si son empresarios los que están dirigiendo el país, los que están gobernando, los que están llegando o simplemente permaneciendo en las instituciones del Estado, es su visión sobre la cual estaríamos conviviendo día a día. Y la percepción de país que tienen, se debería consolidar en el futuro cercano si se concreta que el Congreso sea dirigido por un empresario que estaba designado para incluso integrar parte de la Junta Monetaria hace unos meses. Y nada tendría de malo si en realidad la visión que tienen fuera siquiera aproximada a lo que la población de Guatemala necesita.
Ya están -o siempre estuvieron- en varios ministerios estratégicos, como los de Economía, Comunicaciones, Energía y Minas. Tiene representación en las instituciones importantes de toma de decisiones como la Junta Monetaria, se les incluye en el Consejo Minero que crea la reforma a la ley de actividades extractivas, etc., tienen sus propios diputados y no debería extrañar que también sean dueños de buena cantidad de jueces y magistrados en el Organismo Judicial.
Es innegable que las clases sociales existen, pero para tener una visión de país clara y adecuada, para de verdad impulsar la toma de decisiones de manera que todos tengamos beneficios y responsabilidades que cumplir, debemos vernos como los seres humanos que somos, cada cual con necesidades que satisfacer integralmente. Eso es lo que debe prevalecer entre los guatemaltecos. Y es así como lo manda la Constitución, que parece simplemente estar escrita para taparle el ojo al macho, porque en nuestra realidad parece que ni siquiera hemos alcanzado un nivel que nos permita reconocer la realidad social en la que vivimos.
Es así como se muestra parte del empresariado de hoy, que busca imponer sus leyes y su dogma de pensamiento de manera segura y sin trabas, que inevitablemente continuará tomando la mayor parte del pastel y dejando migajas al resto de guatemaltecos.