Apuntes para una Mesa Eléctrica Democrática


Edgar-Balsells

Como en Guatemala está más que demostrado que “el que tiene más saliva, traga más pinole”, la reciente tragedia de Totonicapán ha presionado a las más altas autoridades a inyectar pisto a temas de diálogo, pues ahora los principales analistas políticos del medio recomiendan “dialogar”.

Edgar Balsells


Y entonces, como parte de ese diálogo, a las autoridades de mayor rango de la regulación eléctrica del país se les ha ordenado instalar la llamada “Mesa Eléctrica”, y con ello vamos progresando pues nos ha mantenido en una verdadera “Silla eléctrica”, con la laxitud de sus disposiciones en temas de competencia, protección al consumidor y venta y reventa de empresas eléctricas.

Y como a toda crisis hay que sentirle vientos de oportunidades, desde esta columna yo me permitiría hacer algunas preguntas a una futura Mesa Eléctrica:

La primera cuestión es que se nos informe cuál es la verdadera situación de la negociación que se hizo con la Municipalidad de Quetzaltenango y cómo todo ello afecta a las finanzas del Instituto Nacional de Electrificación.

La segunda pregunta tendría que ver con las finanzas y la estrategia del INDE: hace poco se le asignó al Grupo Consultor CABI un trabajo sobre la planeación estratégica de la institución. Interesante sería entonces revelar la situación en la que se encuentra tal institución que sufre el subsidio de la tarifa social.

La tercera pregunta tiene que ver con la revelación de todos los vericuetos de las negociaciones que se hicieron con la compra de la Empresa Eléctrica de Guatemala, que pasó a manos de “Empresas Públicas de Medellín”. A este respecto, llama poderosamente la atención que, mientras que nosotros “privatizamos”, Colombia procede a consolidar sus empresas públicas y conquista nuestras empresas privatizadas. ¡Realmente es un caso para Ripley!

La cuarta pregunta tiene que ver con todo ese endeudamiento al que se aventuró Unión Fenosa Guatemala durante el último año de la Administración Colom, y que frente a las narices y consentimiento de las autoridades eléctricas de ese tiempo, se hizo lo que se denomina en la jerga financiera la primera gran “adquisición apalancada” en los mercados. Es decir, se vendió una empresa bajo la generación de papeles de deuda internacional.

Lo que llama la atención a este respecto es la aparición de un Fondo de Inversión escasamente conocido en nuestro medio, y que se ha dedicado a fortalecer los intereses británicos en sus excolonias. ¿Cómo se conducirían esas negociaciones?, ¿quiénes ganaron las grandes comisiones del “Due Diligence”? y sobre todo ¿qué condiciones se imponen sobre los consumos futuros, que los pagamos nosotros?

El otro gran tema y cuestionamiento tiene que ver con la forma de normar las relaciones entre los grandes negocios eléctricos, principalmente del Mercado Mayorista y los generadores, con los alcaldes del país.

La Comisión Nacional de Electricidad tiene una harta obligación en velar por los intereses competitivos del país y principalmente por los intereses de los consumidores, pues pareciera ser que nosotros, los que pagamos todas esas facturas, como siempre sucede, nunca tenemos voz en esos entuertos.

A nosotros los consumidores nos pasa algo perfectamente explicado por los grandes autores que hablan sobre asuntos colectivos y privados: mientras las minorías se organizan sobre sus temas específicos, las mayorías la tienen más difícil y salen a veces desordenadamente a protestar.