En mal momento tocó el Evangelio


Oscar-Clemente-Marroquin

El pasado domingo la liturgia de la Iglesia Católica incluía parte del capítulo 10 del Evangelio según San Marcos y para algunos sacerdotes y muchos fieles, resultó en verdad inoportuno el relato en momentos en los que nuestra sociedad está sufriendo el resurgimiento de una gravísima polarización que se refleja en las llamadas redes sociales en donde proliferan los mensajes de puntos de vista que nos recuerdan aquella etapa cruel de la violenta lucha de clases que tanto daño le hizo al país.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Cuando vemos que lejos de buscar acuerdos y entendimiento es notable que muchos se lanzan al ataque para confrontar, lanzando toda clase de improperios contra quienes realizan protestas y tratan de hacer valer sus reclamos en medio de una sociedad indolente e indiferente, resulta que les toca a los curas explicar un pasaje del Evangelio que levanta roncha. Y es que primero un hombre justo y bueno se acerca a Jesucristo para preguntarle qué debe hacer para gozar de la vida eterna y el Maestro le responde que tiene que debe cumplir los mandamientos: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Todo eso lo he cumplido, le responde el joven y entonces Cristo le dice con cariño que entonces solo le falta una cosa: “anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”, lo que entristeció al muchacho porque era muy rico. Tras eso fue que Jesús dijo que le sería más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios”.
 
 En algunas iglesias católicas se adoptó el cajonero argumento de que la interpretación no es de ninguna manera literal y que Dios no está contra la riqueza sino contra la avaricia. Pero en otras, aún algunas situadas en parroquias de postín, hubo sacerdotes que hicieron énfasis en la parte relacionada con la solidaridad, con ese repartir las cosas entre los pobres para atesorar en el cielo. En una de ellas un sacerdote muy inteligente, jesuita tenía que ser, habló del Año de la Fe que empezó el 11 de este mes y que se extenderá hasta el 24 de noviembre de 2013, explicando que el Pontífice Benedicto XVI le da especial valor a la importancia de afianzar nuestra fe en medio de las necesidades cotidianas de nuestro mundo y que eso significa que los católicos, colectivamente, tenemos que encabezar la lucha por demandar y lograr los cambios que nuestras sociedades necesitan, lo que en el caso de Guatemala significa una fe que nos lleve a solidarizarnos con los que menos tienen y trabajar por mejorar sus condiciones de vida, entre ellos los que tienen que protestar para que se les cobre justamente la energía eléctrica.
 
 Por supuesto que ello provoca escozor porque no nos pasa por la cabeza que la gente que protesta por un cobro justo en la factura eléctrica pueda hacerlo por propia iniciativa y se afianza la creencia de que son personas ignorantes, manipuladas por unos cuantos vivos que se aprovechan de su ignorancia. Nadie entiende por qué meten en el costal de la protesta el tema del magisterio, sin entender que en Totonicapán, como en todo el país, hay alumnos de escuelas normales que quieren ser maestros y que no podrán serlo por el capricho de la Ministra de Educación. No se acepta que rechacen la reforma constitucional, sin entender que la forma en que se aborda el tema indígena sí es importante para ellos.
 
 Levantan roncha entre nosotros, los católicos urbanos y acomodados, que nos digan que la fe demanda compromiso social y no faltan los que, rapidito, se levantan protestando porque ya están, otra vez, los curas metiéndose en política.