Funcionó el cabildeo


Editorial_LH

Hace algunas semanas vinieron personeros y legisladores canadienses a cabildear para que se apruebe una ley de minería al gusto de Gold Corp y, evidentemente, les funcionó el esfuerzo porque el Ministro de Energía y Minas puso a su despacho de alfombra para presentar una iniciativa de ley que es una burla a la dignidad nacional y una evidencia de por qué no quieren aprobar la ley que tipifica como delito el tráfico de influencias.


En efecto, además de convertir a las empresas en juez y parte para otorgar concesiones, lo cual ya es mucho decir, el ministro Erick Archila en un soberano desconocimiento de la ley eliminó como parte del procedimiento las consultas populares porque, según él, no está regulado ese derecho. No sabe, no entiende o se hizo el baboso, porque el Convenio 169 fue ratificado por Guatemala hace más de diez años y eso lo convierte en Ley de la República que obliga a realizar consultas populares en casos como las licencias para explotación minera.

Es alarmante ver cómo este gobierno no ha salido de un hormiguero para meterse en otro y todo para quedar bien con sus financistas, con los grupos de poder económico que gozan ya de inmensos privilegios que, por lo visto, no les parecen aún suficientes y quieren más. Si estuviéramos en un juego de perinola, la única opción que les interesa y aceptan como parte del juego es la de “toma todo” y ello es posible por la complicidad de funcionarios que no tienen siquiera vergüenza para proponer las cosas. Antaño el buen nombre era algo que preocupaba a los funcionarios y por lo menos se medían para no quedar descaradamente en evidencia, pero ahora no les importa, porque con casos como el de Meyer se demuestra que la vergüenza pasa, pero el dinero se queda.

Guatemala tiene internamente el problema de no haber legislado para cumplir con su compromiso internacional tras haber suscrito el Convenio 169 y por ello las consultas populares terminan en burla. Pero de eso a eliminar el requisito en la nueva ley de minería hay una diferencia abismal que sólo se entiende por el tráfico de influencias y el peso que tuvo el cabildeo que vinieron a hacer los canadienses para “convencer” a nuestras autoridades de hacerles una ley a la medida de sus gustos. Y no hubo el menor esfuerzo por disfrazar el sometimiento y la venta de conciencia, sino que se hace a las claras, sin tapujos, descaradamente y hasta con sonrisas de oreja a oreja al presentar el abyecto proyecto que traiciona los intereses nacionales.

¿Hasta cuándo, Guatemala, tendremos que soportar ese cinismo?

Minutero
No les basta un montón
porque ellos quieren todo;
para muestra un botón
del cabildeo con modo