La mayoría de diputados no quiere legislar contra la corrupción


marco-tulio

Como es del conocimiento de los diversos sectores sociales que conforman el pueblo de Guatemala, el cáncer de la corrupción es un mal que está corroyendo casi la totalidad, puede decirse, de la administración pública.

Los corruptos han llegado a ser muy, pero muy “expertos” respecto de tales “hazañas”, al punto que casi no dejan huellas visibles, y es que se las arreglan bien con sus compinches corresponsables en lo que hace a las niñerías de cohecho…

Marco Tulio Trejo Paiz


Se ha dicho que no hay crimen o delito que no salga a luz tarde o temprano, y eso puede ser una verdad monda y lironda.

Una mayoría de los 158 diputados que se refocilan en la dolce far niente siente “alergia” en cuanto a legislar contra la corruptela, y es que, como es sabido, el negocio ese es muy rentable, tan rentable como para convertir de la noche a la mañana, como por arte de magia –a los “onorables”  sinvergüenzas– en multimillonarios…

¿Por qué muchos padrastros de la patria están haciendo resistencia a las leyes contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito? ¿Será porque a su juicio todo está tan limpio como las bellas nubes blancas, blancas que se desplazan bajo el piélago celeste en los soleados días de verano o, simplemente, como el agua cristalina? ¿De qué pasta estarán hechos esos diputados que con su inasistencia provocan la falta de quórum cuando repican las campanas a rebato para asistir a sesión y tratar específicamente las leyes que les causan severa irritación alérgica? Hoy por mí, mañana por ti, dirán esos curuleros del montón, al igual que un gobernante pseudoconstitucional de las últimas décadas del siglo retropróximo… 

Reconocemos y aplaudimos el interés que está demostrando la Fiscal General y Jefa del Ministerio Público, licenciada Claudia Paz y Paz, para que sin más excusas ni pretextos sean promulgadas las benditas leyes contra las garfadas que, según las denuncias que proliferan con frecuencia en los medios de comunicación y, también, como a regañadientes las hacen algunos políticos de la oposición cuando están en galería cacareando. Ha habido evidencias del escandaloso “affaire” de los Q82 millones y pico que alzaron vuelo desde el Congreso a lo mejor para nunca más volver,  pero…  ¡danzan los peros!

Hay representantes que se ven dispuestos a contribuir con sus votos a fin de que se legisle sin más dilación, clara y expresamente contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito de los burócratas de las diferentes jerarquías, pero la mayoría de los representantes (¿representantes de la ciudadanía o de los partidos?) parecen decir como al unísono, a voz en cuello, que “¡no se oye, padre!…” Ninnette Montenegro está dando un buen ejemplo de acción contra las inmoralidades de funcionarios públicos, incluidos muchos alcaldes y demás munícipes que se aprovechan a sabor y antojo de la autonomía que en mala hora se dio a las corporaciones edilicias.

La genuina democracia es un sistema de preciados atributos, pero la “entrecomillada”, o sea la que se ha degradado en países tercermundistas como el nuestro, que parece estar caminando como en silla de ruedas, tiene muchas debilidades, y por eso es que están como están tales paisitos, susceptibles de caminar como el cangrejo o de hundirse en un tremedal cundido de fardachos.
Que sigan los buenos y las buenas congresistas batallando como a ultranza contra los cánceres que se detectan en ese aparato burocrático que, dicho sea de paso, se traga alrededor del 70% del estratosférico presupuesto nacional, abundante en panales de rica miel…