González Dávila, continuó con los datos biográficos del Obispo Marroquín citando que en 1542, ejecutó el testamento de Pedro de Alvarado, fallecido el 4 de julio de 1541 en la ciudad de Guadalajara.
Como parte de sus últimas voluntades decidió que fuera el prelado quien hiciera su testamento, este, hizo el del Adelantado y su esposa Beatriz, fallecida en la tragedia de 1541. Actuó con libertad y ordenó en una serie de cláusulas, una serie de medidas que el cronista resume: Libertad a esclavos casados, con sus mujeres e hijos, porque al “Obispo le constaba que no eran esclavos”.
Fundó capellanías de misas y aniversario por el alma de ambos cónyuges. Mandó construir una capilla en la catedral bajo la Advocación de San Pedro. Nombró dos capellanes que enseñaran la doctrina en los pueblos que habían sido del Adelantado. Pagó sus deudas; “era más lo que debía que lo que tenía”. Informó también, que dado que dicho matrimonio no procreó hijos, no existía ningún heredero legal, por lo que las encomiendas que tenía pasaron a poder de la Corona. Por último menciona que trasladó el cuerpo del Adelantado de México a Guatemala sepultándolo en la catedral “donce yaze”. Quiero terminar este tema considerando lo que creo que fue la razón por la que Alvarado pidió que el obispo hiciera su testamento, González Dávila, lo señala bastante bien: “Y cumplió cuanto fuese menester para el descanso de marido y mujer”.(1) Creo que fue una medida de audaz, dejar en manos de un hombre honesto y amigo verdadero la elaboración de su testamento, era una garantía de la redención de ánima.
Por otra parte, en la crónica de Remesal se encuentra todo el proceso de elaboración del testamento y el detalle de sus cláusulas, son varios capítulos, lo que demuestra el interés del autor por el tema. Referimos al lector interesado a investigar este texto.(2)
Considero que este material permite conocer más aún las buenas relaciones que existieron entre el obispo y el Adelantado. Aunque los objetivos de cada uno chocaron en algún momento, en particular por el desapego que mostraba Alvarado por la ciudad, considero que el licenciado Marroquín le fue fiel y trató de que se conservara buena memoria del conquistador.
LA PROVINCIA DE TEZULUTLÁN
Este es un punto que González Dávila trató con originalidad, sobre todo por la documentación que aportó. Se refiere a la labor que emprendió el obispo Marroquín en este territorio. Cito el texto: “El año 1549, vinieron a la obediencia de la Iglesia los naturales de las Provincias de Tazulatlán, gente belicosa y brava, si bien con pulicia, porque vivía en poblaciones formadas y gobierno de la República. El obispo pasto a la nueva Provincia, confirmó en la Fe a los nuevos creyentes. Bendijo Iglesias, Aras, Altares e Imágenes. De esta jornada dio cuenta al Emperador, y a su Consejo de Indias, y de lo que en ella había visto, y hecho. Y el Príncipe Don Filipe le respondió con la carta que sigue, dándole las debidas gracias.”(3)
Antes de referirme a la respuesta del príncipe Felipe, conviene mencionar que Tazulatlán, Tuzulutrán, Tuzulutlán, Tucurutrán, era una región ubicada en una parte del actual departamento de Alta Verapaz, ésta, fue visitada por el Obispo Marroquín, tal como informó al Emperador en una carta fechada en 17 de agosto de 1545. En la misiva dio a conocer la conquista del territorio llevada a cabo por Diego de Alvarado y que la pobló con alrededor de cien españoles. Estos la abandonaron al saber de la conquista del Perú. También acerca de la misión que llevaron a cabo los dominicos datos que considero importantes por lo que cito el texto: “Olvidóse este rincón; y los españoles como son enemigos de frailes muchas vezes dezían a estos religiosos que porque no iban a Teuculutlán y esto les movió a fray Bartolomé y a los demás enviar por provisión a vra. mt. e intentaron por vía de amistad que querer entrar y pusieron por terceros a señores destas provincias en especial un pubelo que se dize Tecuçistlan, que esta casas con casas de Teculutlán; y con algunos dones y con darles seguro que no entrarían españoles y que no tuvieran miedo, y poco a poco comenzaron a perder el miedo y dieron entrada a los religiosos: la palabra de Dios a todos pareçe bien y con no pedirles nada, muestran contentamñiento. Lo que ha de ser adelante Dios lo sabe y en verdad que estó confiado que han de conocer a Dios toda aquella gente y a los religiosos se les debe mucho por su buen zelo e intençión.”(4)
Agrego, que la carta la escribió el Obispo dentro del clima de enfrentamiento que tuvo con Fray Bartolomé, lo que explica el tono y las acusaciones que se encuentran en otras partes. El Licenciado Marroquín informó al Emperador su versión de lo que había ocurrido y sucedía en la región, previniendo al monarca sobre lo que el dominico pudiera informales al respecto, ya que tendía a inventar y confabular historias, sin haber incluso visitado los lugares, en otras palabras, el nada tuvo que ver con lo que sus hermanos de Orden habían realizado. La respuesta a la carta la dio el príncipe Felipe, a través de su secretario, el 26 de junio de 1546. (VÉASE EL FACSÍMIL 1.)
Como se lee no hizo mención al problema del Obispo con Fray Bartolomé, por otra parte elogio a la misión de los frailes dominicos y recomendó al Licenciado Marroquín que los apoyara.
La ruptura de la amistad que aún principio se profesaron estos dos prelados ha sido materia para escritores principalmente antilascasianos que gustan de oponer al dominico con alguno de los varios personajes civiles y religiosos con los que se enemistó, como fue el caso del Obispo Marroquín. Sin embargo vale la pena agregar que este suceso no fue trascendental en la vida de ambos personajes, cada uno siguió su propio camino, y de alguna manera puede decirse que lograron éxitos que determinaron el futuro de la población indígena. Por otra parte, el Licenciado Marroquín, como expongo en otras entregas, tuvo también serias confrontaciones con varias autoridades nombradas por la Corona, incluso con una de ellas estuvo a punto de perder la vida.
REUNIÓN DE OBISPOS EN LA CIUDAD DE GRACIAS A DIOS
González Dávila mencionó la asistencia del Licenciado Marroquín a una reunión de obispos en la ciudad de Gracias a Dios en 1545, a la que asistieron los obispos Chiapas, y Nicaragua, con motivo de la consagración de un obispo (no menciona nombre), aunque se trataba del futuro obispo de Nicaragua, fray Antonio de Valdivieso quién llegó con Fray Bartolomé. El rito estuvo precedido por el Licenciado Marroquín, auxiliado por el Obispo las Casas, y fray Cristóbal de Pedraza obispo de Honduras.(5)
Los obispos redactaron varias peticiones que no fueron atendidas por la Audiencia. González Dávila citó la generalidad de estas como el pedido a los jueces para “deshacer desagravios”. De acuerdo con Sáenz de Santa María fue a partir de esta reunión que se exteriorizó la ruptura entre Las Casas y Marroquín.(6)
OBRA DEL OBISPO MARROQUÍN
González Dávila, finalizó el capítulo del Obispo, con una lista cronológica de sus obras, sin embargo hay varias en las que la atribución no es verdadera, tal es el caso de la fundación del convento de hermanas Jerónimas: La Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, que fechó en 1546, de acuerdo con Juarros, el Licenciado Marroquín solicitó su fundación, pero esta llevó a cabo en 1578.(7) Seguidamente mencionó la visita a Chiapas en 1547, los fondos que gastó en 1551 para traer religiosos desde España. Otro yerro es la fundación por el Obispo del Colegio Santo Tomás de Aquino en 1553, este se fundó en 1620, si bien el obispo fue su principal gestor, su financista e incluso dejo unas casas en las que este funcionaria su testamento dejó fondos para la creación del Colegio. Adicionalmente menciona que gracias a sus oficios se logró de nuevo que la Audiencias regresara de Gracias a Dios a Santiago de Guatemala en 1549. Hace también mención del hospital San Alejo, dotes de doncellas, fondos para la celebración de actividades. Finalmente fecha la muerte del Obispo, el 18 de abril de 1563, sin embargo ya se conoce que no fue ese día sino viernes santo 9 de abril.(8)
EPITAFIO
Fray Gil González Dávila, finaliza la vida de los obispos, a su criterio más ilustres, escribiéndoles un epitafio en el que resume su opinión acerca de ellos, en el caso del Obispo Marroquín (VÉASE EL FACSIMILAR 2).
NOTAS
(1) Gil González Dávila. Sobre. Teatro Eclesiástico de la Primitiva Iglesia de las Indias Occidentales. Vida de sus Arzobispos, Obispos y cosas memorables de sus Sedes. Tomo I (Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1649), p. 148.
(2) Antonio de Remesal, Historia General de las Indias Occidentales y Particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala. Edición y estudio preliminar de Carmelo Sáenz de Santa María. 2 tomos (México Editorial Porrúa, 1988). p. I, 4, c. 7, n. 2-6, pp. 276-279; c. 8, n. 1-11, pp. 279-284; c. 9. n.1-10, pp. 285-290; c. 10, n. 1-2, pp. 290-291.
(3) G. González Dávila, op. cit., p. 148.
(4) Carmelo Sáenz de Santa María. El Licenciado Don Francisco Marroquín. Primer Obispo de Guatemala (1499-1563). Su vida-Sus Escritos (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1964), pp. 207-208.
(5) G. González Dávila, op cit., p. 149.
(6) Ibídem., C. Sáenz de Santa María, op. cit., p. 62.
(7) G. González Dávila, op. cit, p. 149; Domingo Juarros, Compendion de la Historia de la ciudad de Guatemala. Edición y estudio preliminar de Ricardo Toledo Palomo (Guatemala: Academia de Geografía e Historia de Guatemala. Biblioteca “Goathemala”, vol. XXXIII, 1999), p. 149.
(8) G. González Dávila, op. cit., p. 149; C. Sáenz de Santa María, op. cit., p. 347-348