Las señales de propaganda


Ren-Arturo-Villegas-Lara

La propiedad intelectual comprende las señales de propaganda que los comerciantes utilizan para anunciar al público sus productos. Hay, dentro de ellas, algunas que han pasado a ser propiedad social, si es que se puede utilizar ese término en una sociedad malpensada como la nuestra, en materia de propiedad.

René Arturo Villegas


Por ejemplo, ante ese cilindro de colores azul, rojo y blanco,  quién no sabe que se encuentra ante un establecimiento dedicado a la barbería o a la peluquería, según  lo que usted quiera que le corten o arreglen. La farmacias o boticas, como decían hace unos 5O años,  se anuncian con una culebra enrollada en una figura como ancla de barco antiguo, más una copa en forma de mortero. Por lo menos las farmacias de abolengo, así se anuncian, y son esas farmacias de abolengo que describe Piky Díaz, en su libro sobre el Museo de la Farmacia.  Y si usted ve una cabeza de buey o de un sonriente marrano, aunque literalmente decapitado, pues no se equivoca si piensa que allí hay una carnicería, de ganado vacuno o de porcino, según el caso, y si la suerte le acompaña podrá  encontrar chicharrones.

       Y en eso de las señales de propaganda las hay antiguas y las hay modernas. Hace también unos 50 años, en mi pueblo se acostumbraba que en algunas casas se vendía alimento para caballos, mulas o machos, especialmente para los que llegaban del campo o de las aldeas, alforjas al hombro, a comprar sus víveres esenciales para el mes: arroz, café, azúcar, cajas de fósforos, un litro de gas para el candil y algunos panes de manteca, que bien guardados,  aguataban los treinta días. Pues bien, para anunciar el alimento preferido de los semovientes, se colocaba en la puerta un manojo de zacatón, fresco como un manojo de lechugas, y eso anunciaba que allí se vendía zacatón. Y hasta se permitía que comieran en la banqueta como parte del servicio.

     Últimamente han aparecido otras señales de propaganda muy originales y que son ajenas a los registros mercantiles. Si usted viaja más allá de la cabecera de Chimaltenango, observará una serie de champas a la orilla de la carretera y en cada una de ellas verá a una mujer, vieja, joven o niña, agitando un soplador de cibaque, de esos que se utilizan en la cocina: Allí se venden elotes asados, de maíz amarillo, untados de limón y sal. Bocado de cardenal. Cuando usted transita en las carreteras, sobre todo en las de departamentos de típica gastronomía, como Sacatepéquez o Chimaltenango, verá usted un patojo agitando una bandera roja: eso quiere decir, pase adelante que aquí hay uno nuevo lugar para comer carne asada, chorizos, longanizas y más… Y también puede ser que la señal de propaganda sea el mismo producto que se puede comprar. Por ejemplo, si usted quiere comer guineos morados, nada mejor que la entrada de Barberena, yendo para el oriente, en donde siempre encontrará una champa con grandes racimos de guineo morado. Y un poco antes, en la entrada a Pueblo Nuevo Viñas, no puede usted dejar de ver la exposición de las mismas piñas, cultivadas en El Jocotillo,  como señal de propaganda. Por supuesto que hay ocasiones en que la imaginación del vendedor no es afortunada por contradictoria, aunque tal vez  esto sea el anzuelo para el cliente. Por ejemplo, en la salida de Barberena para la capital, hay un taller de mecánica que se llama Taller el Queso. Nada que ver, pero así es la señal.  De perdida le sugiero visitar el mercado de La Cuchilla, adelante del cruce para La Antigua Guatemala. Es un mercado bien ordenado, limpio y en el segundo nivel se come como en los restaurantes más  afamados, y sobre todo, tortillas de maíz negro. Esto gracias a una municipalidad que sabe lo que hace.