Buena cantidad de columnas llevo escritas en las que oportunamente advertí la necesidad de evitar por ambas partes, pueblo y gobierno, las acciones de hecho, puesto que por experiencia sobradamente sabíamos que iban a terminar mal, en zafarranchos o matanzas con la triste cauda de muertes, heridos, pérdidas, a más de daños y perjuicios, como lo que recientemente ocurrió en Totonicapán.
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Pero seguimos con nuestra tradicional costumbre de expresar después del trueno ¡Jesús María! Ahora, es cuando se escuchan las quejas y lamentos, sumándose las exigencias para que desaparezca la presencia militar en todas aquellas manifestaciones, bloqueos y demás medidas de hecho que inocentes manifestantes, astutamente dirigidos por tradicionales agitadores, siguen empeñados para fomentar la ingobernabilidad del país, buscándole tres pies al gato, pues de sobra saben que “en río revuelto, ganancia de pescadores”.
En una de tanta columnas me referí a un bloqueo realizado a la altura del puente del Incienso, en ella dije: ¿A qué hora un automovilista o motorista desesperado y furibundo va a sacar la pistola y se va a poner a disparar en contra de los manifestantes, quienes sin ningún miramiento insultan, agreden y hasta se jactan de tener sobrado derecho a poder hacer lo que les venga en gana? Nadie discute ni podrá hacerlo más adelante que los ciudadanos tenemos el sobrado derecho de protestar e incluso de exigirle a las autoridades el cumplimiento de sus deberes y obligaciones, pero bajo el entendido que sea cumpliendo la ley y respetando el derecho ajeno, lo que bien dijo don Benito ¡Es la paz!
Muy cierto también es que las autoridades por lo general no escuchan o tradicionalmente desatienden los clamores populares; que tenemos un Organismo Legislativo que además de ser el más incapaz del mundo lo que menos hace es ponerse a trabajar. ¿Quién duda que nuestros políticos por tradición incumplen sus promesas electorales? De ahí que todo amalgamado, sumado a la falta de diálogo y a la incapacidad ejecutiva que gobierno tras gobierno ha venido demostrando a través del tiempo, haya provocado que la gente se deje manipular, acarrear y hasta empujar a tomar acciones altamente riesgosas que terminan en hechos lamentables como el citado.
No me cabe duda que nuestras autoridades siguen sin idea de cómo gobernar. Muy poco o nada se logra con estar realizando conferencias de prensa y haciendo reuniones más protocolarias que positivas, cuando está clarísimo que lo urgente es investigar el lamentable hecho de sangre ocurrido y a estas horas pudiera nuestra Fiscal General, después de haber dirigido personalmente el trabajo, estar dando con lujo de detalles los resultados, incluyendo las evidentes pruebas para culpar a los responsables directos e indirectos de tan espantoso zafarrancho. ¿Qué estarán pensando de nosotros a estas alturas en otros lugares del mundo, especialmente ahora que el nombre de Guatemala resuena por estar ocupando la Presidencia del Consejo de “Seguridad” de la ONU?