Alto en el camino


Editorial_LH

La gravedad de las condiciones del país se puso en evidencia el pasado jueves cuando una protesta de pobladores de los 48 cantones de Totonicapán terminó en tragedia y eso nos tiene que obligar a hacer un alto en el camino para replantear nuestra actitud como sociedad para encarar la problemática nacional. Justamente eso fue lo que algún diplomático planteó al Canciller, pero éste respondió que como cada día se mueren más personas por la violencia común, esos incidentes violentos no serán suficientes para hacernos reflexionar seriamente.


Creemos que debe ser todo lo contrario y que el liderazgo nacional tiene que llevarnos a que este momento tan particular de nuestra coyuntura nos sirva como acicate para reflexionar de manera que se convierta en un momento particular de nuestra historia para que repensemos nuestras actitudes en todos los bandos habidos y por haber.

No nos parece que sea el momento de que los empresarios aplaudan que para mantener la libre locomoción se haya llegado al extremo de ocho personas muertas, como tampoco nos parece que ese grave incidente sea utilizado como mecha para provocar otro estallido violento en el país y una nueva confrontación. Por el contrario, lo que tenemos que buscar es que no se repitan situaciones de ese tipo y para ello no se puede tener una visión obtusa como las que demuestran las dos posturas más radicales ya apuntadas.

Nadie puede negar que somos un país dirigido con una visión excluyente en donde unos pocos tenemos acceso a todo, hasta a un derecho de petición convertido en tráfico de influencias, mientras que otros no tienen voz y para hacerse oír tienen que bloquear carreteras porque de lo contrario sus escritos, sus reclamos, sus peticiones, son enviados al cesto de la basura. Negar esa realidad es querer tapar el sol con un dedo y por ello es que ahora tenemos que entender la importancia de propiciar condiciones de respeto para todos los sectores de la sociedad y no sólo para los que gozan de privilegios ancestrales.

Por supuesto que la lucha de clases no es la respuesta sino el diálogo y la negociación y está en manos de las autoridades un cambio fundamental en la forma de manejar los problemas que generan conflictividad. Hay resabios muy fuertes de polarización y radicalismos en Guatemala que nos nublan la vista para entender la ruta que debemos recorrer en busca de la paz social, pero es obvio que alentar esas posturas extremas, obtusas y chocantes que hay tanto en la vieja derecha como en la vieja izquierda, no nos llevará a nada bueno.

Minutero:
Ocho muertes son bastantes
para cambiar los talantes;
repudiemos el extremismo
expuesto con tanto cinismo