Una tragedia por la falta de diálogo


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La arrogancia y la falta de diálogo ante las crecientes demandas sociales de un pueblo desesperado por la violencia y la crisis económica, son dos de las principales características del actual gobierno de Guatemala que preside el general Otto Pérez Molina.

Félix Loarca Guzmán


A casi nueve meses de haber asumido el control del poder del Organismo Ejecutivo con numerosas promesas de cambio, el régimen del tristemente célebre Partido Patriota de tendencia pro oligárquica, ha tenido un desgaste impresionante, provocando la frustración y el desencanto de los guatemaltecos en general y de diferentes sectores de la comunidad internacional.

Los condenables sucesos del pasado 4 de octubre en la Cumbre de Alaska, a la altura del kilómetro 170 de la Carretera Interamericana, con el saldo trágico de ocho campesinos muertos por heridas de bala y 35 lesionados, son consecuencia de la intolerancia del actual gobierno.

En un primer momento, el presidente Pérez Molina se negó a recibir y conversar con los representantes de los pobladores de los 48 cantones de Totonicapán, que el jueves anterior estaban bloqueando el paso de vehículos en la carretera, quienes deseaban exponerle sus peticiones para la búsqueda de una solución. Cuando los delegados indígenas, ya estaban en la calle dispuestos a retirarse, el gobernante cambió de parecer y los atendió.

En ese lapso, fue cuando por teléfono se recibió la desalentadora noticia de la muerte a tiros de los campesinos que estaban en la carretera.

Los pobladores han declarado a los medios de comunicación, que fueron varios militares que apoyaban a la Policía, los que hicieron uso de sus armas de fuego, en el marco del enfrentamiento que se produjo cuando las llamadas fuerzas de seguridad disolvían a los manifestantes lanzándoles bombas lacrimógenas.

Pérez Molina, reconoció que varios soldados dispararon, pero que lo hicieron al aire. El caso tendrá que ser investigado imparcialmente por el Ministerio Público para deducir las responsabilidades que correspondan.

La lección que queda a costa de la vida de los ocho campesinos, es que el Presidente tiene que cambiar el rumbo de su gobierno. No se trata simplemente de disolver por la fuerza los bloqueos, sino atender las causas que los originan y privilegiar el diálogo como única vía de solución.

En el caso de los normalistas, el descontento está creciendo por la falta de diálogo, pues el gobierno quiere imponer por la fuerza el aumento de dos años a la carrera de magisterio, sin tomar en cuenta los puntos de vista de los estudiantes. Si no se quiere más violencia, hay que aplazar la mal llamada Reforma Educativa, hasta que haya un verdadero consenso de todas las partes. Rectificar ennoblece.