Ayer el ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, hablando ante los embajadores acreditados en el país sobre si los sucesos de Totonicapán serían causa de un alto en el camino para evaluar nuestra realidad, dijo literalmente: “Reconozco con dolor de que en ciertas latitudes ocho muertos es una cosa muy grande y nosotros, desgraciadamente, tenemos muchos años de oír lo mismo todos los días. No es, tampoco, aunque suene muy mal decirlo, eh, pues todos los días tenemos el doble de muertos de ocho, ¿no? Entonces, como que tampoco es como una llamada de atención tan grande como debiera ser”.
Miles de comentarios se produjeron ayer luego de que La Hora recogió las palabras de Harold Caballeros y su primera reacción a las críticas en su cuenta de Twitter fue: “Creo que es más burro el que cree todo lo que lee.” Seguidamente lamentó la “tergiversación que hizo La Hora hoy con mis palabras.”
Esas palabras groseras y, para usar su propia expresión, propias del más burro de los burros, están grabadas y pueden ser escuchadas porque hemos publicado el audio en la página de Internet de La Hora. Que un individuo que se gana la vida hablando a multitudes de fieles que le creen a pie juntillas sea tan torpe para expresarse de esa manera ante la comunidad internacional, es imperdonable.
Un ministro de Relaciones Exteriores tan notablemente insensible al sufrimiento humano y que no dimensiona el impacto que esos hechos tienen en la comunidad internacional y que lejos de ofrecer explicaciones le resta importancia porque según él ocho muertos no es un número suficiente como para que su tragedia se convierta en una llamada de atención muy grande, tiene que renunciar por decoro o tiene que ser destituido por sinvergüenza si no toma la decisión de irse. Pérez Molina debe escuchar el audio para darse cuenta que nombró a un “burro” (otra vez repitiendo la expresión de Caballeros) como Canciller de la República porque solo alguien que no tiene dos dedos de frente puede expresar algo de ese calibre, en forma insensible.
Si hubieran sido ocho muertos de la congregación de fieles de Caballeros y de su estrato social, seguramente que se hubiera dolido y conmovido por la tragedia. Pero como son ocho indígenas pobres de Totonicapán, su muerte no es razón suficiente para que la sociedad guatemalteca sienta un llamado de atención para reparar en el tipo de sociedad que tenemos. No es la cantidad de muertos lo que le parece insignificante al pastor metido a político, sino la condición de las víctimas y su recóndita procedencia.
Muy valiente, sin embargo, esta mañana luego de quejarse porque los guatemaltecos no tenemos sentido del humor, decidió borrar todas las burradas que escribió en su cuenta de Twitter, incluyendo la forma en que se refirió a lo que publicó La Hora.
Minutero:
Ocho muertos son muy pocos
para que se conmueva el pastor;
mejor hacerse los locos
que ver que vamos p´a peor