Los residentes de las costas del Golfo de México y los países del Caribe se preparan para afrontar una nueva y «muy activa» temporada de huracanes, que los mantendrá en vilo durante seis meses a partir del 1 de junio.
De acuerdo con expertos del Servicio Nacional Meteorológico, la temporada será de mayor severidad que la anterior, pues esperan de 13 a 17 tormentas tropicales, de las cuales entre siete y 10 se podrían convertir en huracanes.
A ese criterio se suma el de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, que vaticina una actividad de huracanes superior en un 75 por ciento a lo normal.
Bill Proenza, director del Centro Nacional de Huracanes en Miami, dijo que «las personas que viven en las áreas costeras del este y del Golfo de México, así como en el Caribe, deben estar preparadas» para una situación de emergencia derivada del deterioro del tiempo.
Según los analistas, el año pasado existieron fuertes temores de que ocurriese una poderosa tormenta, pero un inesperado desarrollo del calentamiento de las aguas del Pacífico, conocido como el fenómeno «El Niño», ayudó a cambiar las condiciones.
También Philip Klotzbach, investigador asociado de la Universidad Estatal de Colorado, y Joe Bastardi, principal especialista de huracanes para AccuWeather Inc., dijeron que preveían un ciclo de tormentas más activo este año, que se ratifica con el surgimiento de la tormenta «Andrea», la primera del año, varios días antes de que comenzara la temporada.
Para Eric Blake, especialista en ciclones del Centro Nacional de Huracanes en el oeste de Miami-Dade, las áreas de Miami, Jacksonville, Tampa, Sarasota y Fort Lauderdale, están entre las de mayor riesgo para recibir los efectos de un ciclón en 2007, pues los estudios refieren que hace mucho tiempo esas ciudades debieron sufrir el impacto de un gran ciclón, con vientos sostenidos por encima de las 110 millas por hora y ráfagas superiores.
«Sólo es cuestión de tiempo», dijo Blake, quien añadió que «si va a ser mañana o dentro de 10, 20 ó 50 años, simplemente no lo sabemos», aunque en su opinión la Florida afronta el mayor peligro de una catástrofe, que puede provocar grandes pérdidas humanas y materiales, como ocurrió con «Katrina» en 2005, que golpeó a la Florida y luego devastó a Nueva Orleans.
Desde 1851, año en que comenzaron a registrarse los expedientes de esos fenómenos, la Florida ha sido alcanzada por el 40 por ciento de todos los ciclones que afectaron a Estados Unidos. Cinco de los 10 más fuertes también golpearon en la parte sureste de Estados Unidos.
La naturaleza ha sido magnánima con Miami desde 1992, cuando fue azotada por «Andrew», pero los expertos temen que la «Ciudad del Sol» pueda ser nuevamente golpeada en el futuro. Los especialistas sostienen que otras localidades como Broward, Tampa, Sarasota- Bradenton y Jacksonville, que también han sido afectadas por estos fenómenos en el pasado, deberían igualmente iniciar planes de prevención ante eventuales impactos atmosféricos.
Las crisis ciclónicas suelen traer aparejados efectos colaterales, al menos en Estados Unidos, como el incremento de los precios de los combustibles, que suelen alcanzar durante la temporada registros históricos. A los problemas que afectan a las refinerías, se suman las ya altas cotizaciones internacionales del crudo y crecientes dificultades en las fuentes de abastecimiento.
En tiempos normales, una familia de cuatro personas del sur de la Florida gasta alrededor de 800 dólares mensuales en gasolina, una cifra que puede subir de manera exorbitante en caso de recibir el impacto de un huracán.
Y aunque aún no han comenzado a adoptarse medidas para hacer frente a eventuales desastres, el estado de la Florida creó una página web con un «Plan Familiar de Emergencia», para que los núcleos residenciales estén preparados para situaciones de catástrofe «hasta tanto llegue el personal de emergencia y si pasan varios días sin ayuda».