La satanización de las posturas


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Lo sucedido en los últimos días era algo de esperarse, pero no por lo que dice el encargado de nuestra política internacional, sino porque hemos fomentado una sociedad que ha privilegiado únicamente la búsqueda del bienestar personal preocupándose solo por defender sus intereses. No nos hemos dado cuenta que en la medida que más guatemaltecos estén bien, mientras más guatemaltecos tengan acceso a mayores oportunidades, la prosperidad del país tiene más probabilidad de éxito.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


En Guatemala tendemos a confundir el concepto de derechos, pues hemos creído que éstos solo implican pedir sin dar nada a cambio olvidando el elemento de obligación que implica todo derecho. Ello no ha sido algo exclusivo  de los empresarios o de los grupos sociales que se consideran oprimidos, sino se ha traducido en esa tendencia a oponerse de cajón a las peticiones que hacen otros intentando por cualquier medio la prosperidades de las solicitudes propias.

Y como consecuencia de lo anterior, muchos grupos han llegado a satanizar las posturas de los diversos actores, porque se parte de los puntos mencionados en los párrafos anteriores, es decir, que solo se buscan beneficios sin pretender ser sujetos a responsabilidades. Es importante, en esta época de ánimos caldeados, hacer hincapié que así como no todos los empresarios son la causa de los problemas, tampoco lo son todos los grupos sociales marginados.

Y parte del problema del país es la debilidad de sus organizaciones sociales y empresariales y la incapacidad de articular acuerdos y hechos que unan y no destruyan. Unos piden sin comprometerse en el futuro y otros critican las actitudes de los manifestantes, sin darse cuenta  que la forma tan ligera en que ellos manejan los problemas del país no ofrece soluciones; se han encasquetado en que las carreteras bloqueadas generan pérdidas y nada más.

Y así como hay quienes opinan que cada día más gente espera mamar de la teta del Estado para resolver sus problemas, se puede decir que hay muchos que pretenden que, a través del financiamiento de las campañas, el Estado esté solo a su servicio, para atender con diligencia sus problemas y peticiones, así como para proteger sus intereses.

Lo importante es buscar soluciones. Lastimosamente estas cosas han sucedido, suceden y sucederán hasta que en Guatemala no tengamos reglas que se apliquen por igual, autoridades que privilegien la planificación del país con criterio de estadistas, enfrentando los problemas de raíz y hasta que no tengamos una sociedad que se porte a la altura para que, liderando con el ejemplo, obligue al Estado a dejar atrás sus males de polarización, corrupción e influencias.

Hay causas legítimas y hay otras que responden a intereses de grupos o personas que saben mal utilizar a quienes reclaman lo que consideran apropiado. Cabe la posibilidad que alguien esté exacerbando el reclamo social para llegar a lo que sucedió en Totonicapán, pero en caso de ser así, el Gobierno ha caído en el juego y la “resolución de conflictos” pretendida está en tan saco roto como el de la transparencia.

Lo vital e imprescindible es privilegiar el diálogo, pero éste solo puede prevalecer cuando el mismo se basa en soluciones y planes concretos que permitan dar pasos pequeños, pero firmes para desactivar las causas de los descontentos y frustraciones legítimos de los diversos grupos. Para ello, es vital, es imperativo que los problemas se aborden desde la raíz para que cada día sea menor la recurrencia de los conflictos.

No es ni será un camino fácil y como ahora, se pueden tener salidas en falso, pero ello no nos debe hacer flaquear para que encontrando acuerdos mínimos, podamos trabajar más unidos que polarizados por el bienestar de toda nuestra gente y para que juntos podamos aportar soluciones a los problemas que hoy nos tienen divididos y que nos siguen empujando a un abismo que no sabemos cómo termina.

Guatemala merece más, su gente merece más y eso, solo depende de nosotros los ciudadanos.