“Coronas de caridad”


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En mi columna publicada el 16 de marzo de 2012, bajo el título “Esquela” me referí al positivo hecho que por el fallecimiento de doña Lili Nathusius de Heinemann, su familia, en la esquela respectiva, indicó que agradecería no se enviaran flores y si se tenía a bien se efectuara una donación a una entidad de beneficencia, en particular al hogar “Mi casa Tío Juan” o a la Sociedad Protectora del Niño.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com


En esa opinión señalé que en Chile, país al que quiero como una segunda patria, existía la fundación denominada “El Hogar de Cristo” que a través de una sistema muy eficiente y organizado, con numerosas oficinas en supermercados y otros lugares de fácil acceso, le permitían a quienes así lo consideraban conveniente, en lugar de enviar flores o pautar una esquela en la prensa, dando el pésame, podían adquirir una “corona de caridad” que consistía en una linda estampa en cuyo dorso se hacía constar que en homenaje a la persona fallecida se había donado “X” cantidad a esa fundación cristiana y la tarjeta se le enviaba a la familia.

Me ha llamado positivamente la atención el artículo de Gustavo Berganza que con fecha 2 de octubre publicara bajo el título “La muerte como evento lucrativo”, donde indica: “La trágica muerte de Habie generó un torrente de anuncios en los diarios capitalinos, entre ellos –Prensa Libre, elPeriódico y Siglo Veintiuno– se habían publicado hasta ayer 144 anuncios; 15 a página completa, 52 a media página y 67 menores de media página”. Lo que implicaba que quienes habían pautado motivados por la muerte de Joey Habie habían permitido facturar a ese matutino (Prensa Libre) Q619,990, cifra que a la fecha duplicó.

No pongo en duda que la costumbre en el país haga que muchas personas en lo particular consideren esa manera de expresar sus condolencias, como particulares tienen el derecho, distintas son las pautas del sector público que se pagan con impuestos, las cuales la Contraloría debería considerarlas como un gasto improcedente. En todo caso, estimo que sería loable que poco a poco o rápido si fuera posible optáramos mejor por realizar “Coronas de caridad” o donaciones en nombre de la persona fallecida a entidades de beneficencia, hecho que indudablemente no sería estéril, sino por el contrario, sería un homenaje a la persona fallecida y un estímulo social que la familia apreciaría.

En lo particular, como algunas familias de amigos que han muerto lo saben, he venido optando por hacer donaciones a entidades de beneficencia en nombre del amigo que ha partido hacia el más allá; incluso, considerando que de alguna manera esa donación pueda crear algún beneficio espiritual a la familia o al ser querido que ha dejado de existir y se ha presentado ante nuestro creador donde, según nuestros principios, será juzgado.

En todo caso, de la misma manera que la familia de mi querido y joven amigo José (Joey) Habie Nigrin, publicó que no se enviasen flores, esperemos que los dolientes que así lo estimen conveniente, puedan en las esquelas donde hacen de público conocimiento la partida de un ser querido, adicionar que no se envíen flores, que no se pauten esquelas y si lo estiman conveniente que esos recursos se envíen, en nombre del difunto y su familia, a una entidad de niños, enfermos o ancianos, con lo cual socialmente se estará contribuyendo con “una corona de caridad” a favor de la respectiva entidad y de quienes día a día se benefician de los servicios que estas entidades prestan. A propósito, cuando a mí me toque presentarme ante el Altísimo, desde ya ruego no envíen flores, ni pauten esquelas, den una “corona de caridad”.
¡Guatemala es primero!