La reforma universitaria dejó de ser un tema académico y se convirtió en un asunto político, que según los mismos sancarlistas, no se hará realidad por el temor de diversos grupos de poder a perder sus privilegios y su influencia sobre las decisiones en el Estado. De esa forma, la transformación que se planteó desde la década de los noventa como un remedio a la burocratización y el rezago académico, continuará como un plan rodeado de conflictos y disputas por poder.


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En mayo de 2010, la agrupación autodenominada Estudiantes por la Autonomía (EPA) cerró las puertas del Campus Central de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), como medida de protesta contra las reformas en el sistema de elección de las juntas directivas en las facultades, y desde entonces la agrupación ha continuado pausadamente con medidas de hecho similares para hacerse escuchar.
En la actualidad, el conflicto aún sigue sin ser resuelto e inclusive parece más complejo que en sus inicios, al punto que las tensiones se han acrecentado dentro y fuera de las instalaciones universitarias, pues ahora los estudiantes no se conforman con cambios en los procesos eleccionarios y exigen una reforma universitaria integral.
A criterio de Eduardo Velásquez, profesor titular del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR) y excandidato a rector de la Usac, los estudiantes inconformes despertaron un problema de antaño, pues en la década de los noventa ya se había planteado una reforma universitaria que no fue aprobada por las autoridades de entonces.
En consecuencia, Velásquez señala que en la actualidad es necesario realizar transformaciones para mejorar la calidad de la enseñanza de la educación superior y revisar las funciones propias de la Universidad, aunque advierte que la idea del “cambio” ya genera conflictos y disputas por el poder, dentro y fuera del Campus.
A lo interno de la Usac, la resistencia a la modernización proviene de estudiantes, docentes, administrativos y autoridades con privilegios académicos y económicos –la institución cuenta con un presupuesto anual de Q1,250 millones y percibe con ingresos privativos–, quienes corren el riesgo de encontrar un nuevo panorama para sus intereses si se realizan cambios sustanciales en esa casa de estudios.
Pero fuera de las instalaciones universitarias también hay sectores que tienen mucho que perder si se modifican las reglas dentro de la Usac, que además de ser el principal centro de estudios del país, tiene un peso excepcional en la política nacional y en decisiones de carácter estatal.
EL PESO SANCARLISTA
La Constitución otorga a la Usac una naturaleza autonómica y la “exclusividad de dirigir, organizar y desarrollar la educación superior del Estado y la educación profesional universitaria estatal, así como la difusión de la cultura en todas sus manifestaciones”.
Pero la Universidad realmente despierta interés en los grupos de poder porque la misma Carta Magna garantiza su participación, a través de representantes, en la Junta Monetaria y la Corte de Constitucionalidad.
Asimismo, tiene segura la participación en las comisiones de postulación para la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones, de Contralor General de Cuentas y de Fiscal General.
Además, es una de las cinco instancias que en el país tienen iniciativa para la formación de las leyes, y cuenta con centros de análisis e investigación que pueden crear incidencia sobre la opinión pública.
En estos aspectos, según el rector Estuardo Gálvez, algunos actores externos tienen interés de incidir, pues son temas con un alto peso en el sistema político y económico del Estado. Pero, ¿qué relación tiene esto con la reforma universitaria? (Lea la entrevista: “Factores externos tratan de meter sus manos en la Universidad”).
Velásquez cree que una reforma universitaria podría modernizar la enseñanza superior, pero también modificar los procedimientos administrativos internos que afectan las facultades de las autoridades, cambiar el sistema de elección de representantes y así trastocar sus intereses. “La reforma no camina porque las autoridades no quieren; no les interesan las reformas”, apunta.
Lo que desean (el Rector y el Consejo Superior Universitario) es tener vinculaciones políticas en la Corte de Constitucionalidad, Corte Suprema de Justicia (CSJ), Junta Monetaria, Tribunal Supremo Electoral, dice el académico. “Ellos no están preocupados por el nivel académico de la Universidad”.
VOZ ESTUDIANTIL
Samuel Pérez, integrante de EPA, refiere que el objetivo original de la reforma es renovar la organización de la Universidad, tanto en el aspecto académico como en los procesos de incidencia nacional, y para eso es necesario democratizar los mecanismos de elección de autoridades y mejorar los planes de descentralización de la educación superior
Por eso, Pérez alega que la propuesta de reforma universitaria se encuentra “estancada”, ya que el Consejo se separó de la mesa de diálogo, dejando en el aire el proceso. “No hay un interés real de las autoridades universitarias por sacar adelante este proyecto, prometido y firmado por ellos mismos desde el 2010”, explica
Según el dirigente de EPA, la oposición a la reforma obedece a que la Usac se ha convertido en un “botín político”, pues de la estructura universitaria vigente se benefician desde los integrantes de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), hasta el Consejo Superior Universitario, y por eso considera “lamentable que las cuotas que el pueblo le dio a la Universidad, para que fueran representantes en distintos niveles del Estado, sean utilizadas hoy por intereses personales”.
Por aparte, Karlos de León, secretario general adjunto de la AEU, desestima los señalamientos contra la organización y señala que una reforma universitaria es una medida “eminentemente necesaria que se debe realizar con carácter de urgencia” para la Universidad de San Carlos, teniendo como un punto principal de discusión la inclusión de las escuelas no facultativas en los procesos de elección, y así consolidar un sistema de participación democrático y representativo ante el CSU.
De León señala que la reforma se ha estancado por la falta de voluntad que se ha tenido de las autoridades universitarias, principalmente el CSU, que a su criterio, debe ser depurado antes de iniciar una reforma.
DE CRISIS A OPORTUNIDAD
Aun cuando los conflictos han ocasionado cierres constantes del Campus Central de la Universidad, Gálvez asegura que el mayor beneficio que pudo traer la crisis generada en el 2010 fue el impulso al proceso de reforma universitaria.
“La reforma es una oportunidad para que podamos mejorar como institución; no la veo como una amenaza para la institución ni para ningún sector, sino una oportunidad para que verdaderamente mejoremos”, señaló.
El Rector indicó que la mayor dificultad que afronta actualmente la Usac es la politización y la burocracia, pero sostiene que la reforma debe de ayudar a superar las dificultades para que se cumpla con los objetivos designados, aunque para ello es necesario desprenderse de intereses particulares, de sectores o de grupos.
“Factores externos tratan de meter sus manos en la Universidad”
El rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Estuardo Gálvez, considera que no hay actores ocultos interesados en incidir sobre la reforma universitaria en el aspecto académico, pero sí hay factores externos que quieren “meter sus manos” en los temas de trascendencia nacional que involucran a los sancarlistas.
POR ÉDER JUÁREZ
ejurez@lahora.com.gt
¿Qué beneficios traería este cambio?
En lo personal, sostengo que la reforma universitaria es una oportunidad para que mejore la institución; traerá beneficios en la actualización de los procesos administrativos, de incorporación de profesores titulares y de evaluación de los docentes, superando así la burocracia que existe en la Universidad. Dos de los problemas que tiene la Universidad son la politización y la burocracia, que nos absorbe. Son las mayores debilidades de la institución.
Esta reforma debe de ayudar a superar nuestras dificultades. Es una oportunidad para superar obstáculos como los mencionados anteriormente. La reforma universitaria debe de ayudar a la academia y al país.
¿Existe alguna cuestión política que esté afectando este cambio?
Yo pienso que sí. Un proceso de esta naturaleza no creo que deje de ser de carácter político, pues son políticas vinculadas con la educación. No creo que haya un proceso que sea excluido de cierto interés político.
Es indudable que en un proceso de designación de comisiones de postulación, de magistrados a la Corte de Constitucionalidad u otros temas de esa envergadura, factores externos tratan de meter sus manos en la Universidad.
Sin embargo, en este proceso de reforma no he detectado ningún interés de sectores externos; a esos sectores no les interesa si la Universidad cumple o no con sus fines constitucionales, lo que les interesa es instrumentalizarla, para sus fines propios, en designaciones y elecciones que la Universidad realiza.
EPA y AEU lo señalan a usted, junto con el Consejo Superior Universitario, de mantener una postura contraria a la reforma por temor a perder sus privilegios. ¿Qué opina?
No es cierto. Yo, en lo personal, creo en la reforma universitaria y confío en que sea una oportunidad para que la Universidad mejore. La responsabilidad la tenemos los universitarios. Sí rechazo que la reforma universitaria se pretenda utilizar con propósitos personales o de grupo porque eso es inmoral. Estoy en contra que la reforma universitaria sea utilizada para levantar banderas políticas; esta debe de ser tomada con responsabilidad para verdaderamente tener incidencia en el país.
¿Qué lectura hace de la posición de los estudiantes, docentes y profesionales respecto a la reforma?
No hay una sola posición. Cada uno ha participado con su propio pensamiento y planteamiento. Si se pudiera identificar una posición unánime en todos, es que todos creen en la reforma universitaria y no hay nadie que se oponga, pero se está tratando por unos de una forma y por otros, de otra.
Ha habido diferencias que no han permitido avanzar como quisiéramos. Es un proceso social; sería un fracaso no solo para la Universidad sino para quienes hacen vida académica dentro de ella, que no logremos encontrar esa luz al final del túnel, porque los responsables somos nosotros.
Estuardo Gálvez
Rector – Usac