Entre los inconformes de Wall Street


Oscar-Clemente-Marroquin

Hace varios meses planeamos con mi esposa viajar a Nueva York en estas fechas para celebrar nuestros 43 años de casados y la estadía en esta ciudad, como siempre, está llena de sorpresas y experiencias inolvidables. Tuvimos la oportunidad de volver al sitio donde estuvo Top of The World, restaurante situado en el último piso de una de las Torres Gemelas que fueron destruidas en el ataque terrorista del 11 de Septiembre de 2001. Para esas fechas estaba haciendo su residencia de odontopediatría aquí en Manhattan la segunda de nuestras hijas y muy pocos días después del ataque viajamos para acompañarla y fuimos testigos de la devastación del área.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Ahora pudimos caminar por el parque conmemorativo que hay con dos enormes fuentes situadas justamente donde estaban las torres y que tienen grabados los nombres de todas las víctimas de ese terrible ataque. Un espacio realmente monumental en el que ya destacan los edificios que se han construido para sustituir a los del World Trade Center y que son maravillas arquitectónicas que cuadran precisamente con el diseño que se le ha dado al sector.
 
 Saliendo de allí caminamos un par de cuadras y nos topamos con cientos de manifestantes que tenían a raya a la Policía. Eran los inconformes de Wall Street que mantienen una protesta en los alrededores del centro financiero de Nueva York para oponerse a los excesos que han cometido muchas de las firmas financieras y grandes corporaciones que causaron la crisis que actualmente tiene de cabeza aun al mundo entero. Estaban celebrando el aniversario de sus protestas y se veían piquetes por todos lados haciendo bulla además de los que estaban asentados en el mismo tope de la emblemática calle. Durante un buen rato pude escuchar sus cantos de guerra y ver sus razonamientos que en buena medida tienen extraordinaria relación con la realidad. Entre los manifestantes se puede observar una gran diversidad de personas, pero es obvio que muchos son intelectuales que no se sienten a gusto con la ausencia de regulaciones que fuera dispuesta en el año 2000 y que ha permitido que los banqueros hagan micos y pericos con el dinero ajeno, obligando al Estado a una operación de salvamento que costó miles de millones de dólares de los contribuyentes. Mucho de ese dinero terminó en bonos extraordinarios para premiar a los ejecutivos de las empresas que socavaron la economía mundial.
 
 Bulliciosos pero muy respetuosos en su forma de protestar, los inconformes son gente que no se resigna a que desde Wall Street se marque el destino de todas y cada una de las calles de los Estados Unidos y, por supuesto, del mundo por el enorme peso que tiene la economía norteamericana y su influencia en todos lados.
 
 Y también por casualidad, sin tener siquiera la menor idea, fuimos a parar a una concentración de gente que estaba en las inmediaciones del estudio de televisión donde se grabaría el programa de David Letterman. Al preguntar nos dijeron que estaban esperando a Obama porque sería el personaje invitado del día. Caminamos un poco para evitar la multitud y nos detuvimos en las barricadas que puso la Policía en la Avenida Broadway para permitir el paso de la comitiva presidencial. Unos minutos después vimos pasar la caravana en la que iba el mandatario y nos impresionó la forma emotiva en que la gente le aplaudía a su paso por la calle. Pensé en cómo en nuestros países cuando pasa una comitiva oficial la gente se indigna y molesta por la prepotencia, mientras que en Nueva York, donde cerraron infinidad de calles para que pasara Obama, la gente lo aplaudía y mostraba su emoción.
 
 Nueva York da para escribir anécdotas diarias, pero estas dos me parecen de interés público en este viaje para celebrar 43 años de casados con mi mujer y por la familia que Dios nos ha regalado.