Fanatismos extremos


Eduardo_Villatoro

   Cuando me enteré de la forma tan despiadada como fue asesinado el embajador norteamericano en Libia y seguidamente me informé de los ataques de multitudes en otros países musulmanes contra misiones diplomáticas de Estados Unidos,  reflexioné hasta dónde llega el fanatismo y la intolerancia en pleno siglo XXI, además de que previamente había recibido un correo electrónico en el que se observan decenas de cadáveres carbonizados, incluso niños, en una nación africana cuyo nombre no recuerdo, ejecutados por turbas islámicas exaltadas de encono en contra de compatriotas suyos por haberse convertido al catolicismo.

Eduardo Villatoro


Se podrá detestar a gobiernos y políticos conservadores estadounidenses por sus acciones hostiles, agresivas e intervencionistas en América Latina y en otras regiones del mundo, y también es censurable la decisión de un exconvicto de California de filmar un video en el que acusa al profeta de los musulmanes de todas las porquerías humanas que se le ocurrieron –como las califica un analista-; pero por mucho que me indigne las acciones de Washington contra los pueblos del Tercer Mundo, protegiendo a poderosas empresas transnacionales de capital norteamericano, por ejemplo, no puedo permanecer indiferente al salvaje desenfreno de muchedumbres inflamadas de odio y rencor que son incapaces de comprender que entre los más elevados valores de la Humanidad se elevan la tolerancia y el respeto al derecho de disentir.

Subrayo que no estoy justificando en absoluto al fanático autor del tráiler de 14 minutos que lo subió a la Internet, como otra muestra de intemperancia religiosa, pero que no refleja la idiosincrasia de la mayoría del pueblo de Estados Unidos, aunque está latente un sentimiento antimusulmán a raíz de los atentados terroristas en las Torres Gemelas por grupos islámicos de Al Qaeda.
   Los graves incidentes ocurridos en distintas naciones árabes del Medio Oriente recuerdan similares acciones en contra de las embajadas de Dinamarca derivadas de la publicación de caricaturas de Mahoma en un diario de la capital danesa, así como el asesinato del holandés Theo van Gogh por haber denunciado en un filme la discriminación contra mujeres musulmanes por sus propios compatriotas.
  
A manera de comparación, traigo a colación las películas Jesucristo Súper Estrella y El Código Da Vince (basado en la novela del mismo nombre) que provocaron iracundia entre cristianos de variadas confesiones y denominaciones, pero se limitaron a pacíficas protestas, además de debates mediáticos y de reclamos de parte de ministros religiosos y sus feligreses, sin desbordar las barreras de la insensatez y la enceguecida animadversión colectiva.
  
Por lo visto, las diferencias culturales entre Occidente y el Medio Oriente están lejos de minimizarse. Al contrario. Amplios sectores musulmanes inculcan la abominación contra todo lo que tenga un matiz de la civilización occidental, al grado que las circunstancias de la mujer son muy precarias en El Cairo, donde grupos de hombres armados son responsables de agresiones contra manifestantes femeninas, mientras que persiste la oprobiosa discriminación y vejación contra musulmanas en sus mismo países.
 
 En el caso de los atentados contra sedes diplomáticas de Estados Unidos, sostengo que no es razonable asumir una posición maniqueísta, en cuanto a guardar supuesto “prudente” silencio, sólo porque las enardecidas embestidas son en contra una potencia que ha cobijado a personajes tan funestos como los presidentes Bush, v. gr., y aplicado políticas imperialistas, olvidándose de los norteamericanos que han fulgurado en las artes, la ciencia y la literatura universales, y marginando a políticos de la talla de los fundadores de esa nación y de la altura de Abraham Lincoln y de activistas cívico-religiosos como Martin Luther King.
   (El inculto Romualdo Tishudo cita a Johan Gottfried Herder:-No haya nada que demuestre mejor el carácter de un hombre o un pueblo que la manera como tratan a las mujeres).