Castigo para los otros


Editorial_LH

En el tema de las leyes contra la corrupción todos, sin excepción, dicen estar a favor de las mismas, sobre todo ahora que se ha visto que en el caso escandaloso del Alcalde antigüeño el tipo puede librarse de una fuerte condena porque no se le podrá aplicar la ley de enriquecimiento ilícito. Sin embargo, casi todos también tienen sus particulares “reservas” que les han obligado a pedir que se reformen algunos artículos como el de tráfico de influencias.


Imagine el lector lo que les pasaría no sólo al Alcalde de la Antigua sino a sus socios y parientes si se aplicara la Ley que ya había recibido dictamen favorable y que fue retirada del Pleno. El primero se iría al bote por enriquecimiento ilícito y sus socios, además, por tráfico de influencias porque precisamente lo que hicieron fue lo que el artículo que le paró el pelo al Cacif cuestiona. Es decir, usaron su influencia para obtener beneficios a costa de los intereses públicos y eso es lo que se tipificaba como tráfico de influencias. Lo que pasa es que para muchos lo que hizo Vivar Marroquín es lo que ocurre todos los días y lo que hicieron sus socios fue simplemente lo que hacen los más encopetados empresarios del país cuando llegan a pactar los negocios con los políticos a los que les financiaron sus campañas políticas.
 
 Por supuesto que el Ministerio Público no tiene empacho en agarrar a un alcalde mal visto por la misma sociedad antigüeña por largo y corriente, así como a sus parientes que son también de su mismo estrato. En cambio, entrarle a los encopetados en Guatemala no es algo que se pueda esperar en el futuro cercano porque hasta en eso funciona el tráfico de influencias y precisamente para preservarlo es que no quieren que haya un artículo claro y contundente que tipifique el delito.
 
 En otras palabras, cuando hablan los diputados o cuando hablan los empresarios que se han opuesto a la ley, todos dicen que están a favor de ella y se rasgan las vestiduras por el atraso en su aprobación, pero en el fondo no quieren una ley efectiva sino que lo que necesitan es acomodar la ley a sus prácticas para dejar bien claro que el tráfico de influencias que ellos realizan no es el que quieren que se tipifique. Se quiere castigo para los otros, y así los diputados quieren eximirse ellos mismos de cualquier riesgo y los empresarios, por medio de sus diputados ad hoc, hacen lo propio. Por esas actitudes es que nuestro país tiene tanto problema para progresar.

Minutero:
Si pararan los migrantes 
por tan solo unos instantes 
el imperio tambalea 
y la cosa se pone fea