Hace una semana decía que era necesario que las nuevas generaciones aceptáramos el reto de poder transformar Guatemala, partiendo desde puntos básicos, principios y la capacidad de alcanzar acuerdos que nos permitan un desarrollo sostenible que nos facilite romper el círculo de la pobreza.
pmarroquin@lahora.com.gt
Comentaba respecto a la necesidad de poder invertir en nuestra gente, en la gente que desea superarse, que sueña seguir creciendo, ayudarse y ayudar a sus familias. El que diga que la mayoría de guatemaltecos que no trabajan es porque no quieren, jamás se ha tomado siquiera un minuto para ver lo que son nuestros migrantes y lo que representan para el país y sus familias.
Siendo un país que hoy por hoy carecemos, en su mayoría, de personas con carreras profesionales humanísticas o científicas, debemos empezar a trabajar ya en lo que somos altamente capaces y capacitados y es ahí donde nuestros artesanos juegan un papel fundamental, mientras hagamos por años los deberes que no hemos hecho por décadas que nos permitirán la atracción de nuevas oportunidades e inversiones.
Debemos tener la habilidad de trabajar de manera coherente y cohesionada para que sus obras puedan ser exportadas al mundo entero, valorando lo importante que es su labor, asegurándonos que tengan la capacidad de ir creciendo como emprendedores y empresarios, a quienes el mismo Estado a través de facilidades y beneficios (fiscales por ejemplo) les permita convertirse en fabricantes de productos exportables de primera calidad.
No me refiero a regalarles nada si no a darles facilidades que les permitan capacitarse y capacitar, adquirir maquinaria, medios logísticos para trasladar sus materias primas y sus obras terminadas; acceso a mercados en el mundo que siempre están deseosos de manualidades y arte; facilidades con obligación de repago en condiciones favorables pero que generen sentido de responsabilidad.
La gran mayoría de esos artesanos están ubicados en el interior, venden su producto sabiendo que deben ser buenos para regatear como pasa en el comercio, generalmente en la informalidad y sin muchas proyecciones para crecer. Invertir en este grupo de emprendedores sería importante para generar desarrollo, debiendo ser una de las condicionantes del apoyo el abandono de la informalidad, por ejemplo.
A las personas que generen una cantidad determinada de puestos de trabajo, que alcancen ciertas metas de producción, venta y/o exportación, les puedan aplicar algunos beneficios fiscales que les permitan seguir creciendo afuera de las sombras de la informalidad de la que tanto nos quejamos, contribuyendo ellos mismos a su mismo futuro.
Este tipo de situaciones representa una de las razones por las que es necesario tener un Estado eficiente, un aparato estatal que sea capaz de allanar el camino de algunos mercados y que ya sea cada quien, el que con su voluntad, talento y entrega logre seguir construyendo el camino para un futuro mejor y el de sus hijos.
Hijos que por cierto se pueden capacitar, aprender nuevas cosas y de esa manera seguir siendo el eje del esfuerzo de una familia entera. Basta ver revistas internacionales para darse cuenta que las manualidades y que los productos que tenemos de calidad aquí en nuestra Guatemala, son altamente cotizados en el mundo y que tenemos oportunidad para satisfacer alguna parte de éste.
En la medida que tengamos el deseo de trascender lo podemos lograr. Si tenemos la capacidad para generar la creación de un fondo o programa especial con reglas claras para determinar quiénes pueden tener acceso a tales beneficios y qué requisitos deben cumplir y si nuestro Congreso lograra ponerse de acuerdo para sentar las bases para otorgar beneficios fiscales temporales a quienes hagan su trabajo, podemos tener un polo de desarrollo que nos ayude a pensar en un futuro más alentador.
Necesitamos creatividad, entrega, voluntad y unión para poder idear esas formas que, de paso, sentarán las bases para el tan cacareado cambio que nos ofrecen pero que tampoco exigimos; en todos estos esfuerzos, la transparencia está llamada a ser el principio rector y ahí sí llevamos desventaja.