“Indignados”… aquí no hay


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“Los Indignados” fue la denominación que adoptó el conglomerado de españoles molestos por los pronunciados actos de corrupción de su clase política. El desencanto por el bipartidismo del Partido Popular, ahora en el gobierno y del Partido Socialista Obrero Español. Con menos impacto mediático, los Indignados siguen manifestando su descontento por el devenir de su sociedad y demandando una democracia real y funcional.

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com


La noción de ciudadanía se ha tornado en efecto, participativa. En tanto aquí aún y con tantas aberraciones económicas, políticas y sociales, parece que no hay indignados chapines.

Mañana sábado se conmemora la “independencia” de las que en su momento se denominaron Provincias Unidas de Centroamérica. El fervor “cívico” se manifiesta en los grupos juveniles de corredores de antorchas y los de bandas de instrumentos de percusión, por suerte ahora ya no están al tono “marcial” que caracterizó tantos años de imitación castrense en esta fecha. Ahora las tonadas y las “rutinas” están marcadas por un toque sonoro que cada vez se aleja de esa pleitesía pretoriana que caracterizó a las generaciones anteriores. Pero hasta allí y punto.

Mucha gente cree por ejemplo, que hace patria y que hace civismo, porque tararea las estrofas del himno nacional, cuya letra carece del más elemental apego a la realidad. A mi juicio lo rescatable de esta pieza musical es la melodía, pues el contenido de su letra es algo menos que un mero lirismo, plagado de inexactitudes y mentiras elaboradas para enaltecer a la clase dominante guatemalteca. Desde la primera estrofa aparecen las mentiras. Veamos: Guatemala sí ha estado profanada no por un verdugo, sino por muchos. En Guatemala, cuando se regatea el salario mínimo (que en la práctica es el máximo), se producen formas modernas de esclavitud. Pero en virtud de las necesidades nuestros modernos esclavos, si han de lamer el yugo, pues caso contrario, les condenan a la muerte. Muerte súbita y violenta, si asumen algún liderazgo, muerte lenta y de larga agonía, a través de la desnutrición crónica, si simplemente se tiene la desagradable fortuna de nacer en el entorno de la negación de oportunidades, como suele pasarle a las inmensas mayorías hoy presas de la pobreza y pobreza extrema. Los simples índices de tales indicadores, bastarían para pensar en cambiar la primera estrofa, repito, de esa bonita tonada, pero cuya letra carece del más elemental sentido de apego a la realidad.

Aquí la amenaza de invasión extranjera es otra figura cuya presencia se produce cada día, todos los días. Y no vemos que se enarbole la bandera de la dignidad para que en efecto ésta esté “libre al viento para vencer o morir”. Antes bien, mejor si nos hacemos los papos. Aquí no hay indignados chapines. Aquí unos hacen o deshacen en materia económica, política y social y no es factible que nos pronunciemos que nos indignemos y busquemos que ya no se sigan haciendo y que se hagan de otra manera, con respeto y apego a la ley, por lo menos.

El nacimiento de nuestra “soberanía” fue la consumación de un acto de traición. El “festejo” del 15 de septiembre debiera servir para revisar la historia y una vez admitida la veracidad de su origen, empezar a enaltecer la verdadera participación ciudadana en la construcción de nuestro futuro. Aquí en tanto el modelo del financiamiento de los cooperantes extranjeros sea fragmentar y dividir la fácilmente fragmentada sociedad guatemalteca, en adición a un manejo feudal de los capitales y medios de producción, tendremos pronunciados acontecimientos que nos impedirán construir el futuro en el marco de una auténtica democracia que en efecto sea algo más que la aún denominada democracia político electoral. La democracia si no se expresa en el plano económico no es más que una simple máscara a la que rendimos culto ante las urnas cada cuatro años, pero nada más.