Patriotismo y ciudadanía


Oscar-Clemente-Marroquin

No deja de ser grato ver que nuestra juventud busca las formas de mostrar su patriotismo en estos días de festejos por el aniversario de la Independencia y lo notamos en la proliferación de desfiles y, sobre todo, en esa forma en que desde la provincia se dirigen al Obelisco en busca del Fuego de la Independencia para llevar las antorchas que proclaman nuestra libertad. Sin embargo, me parece que en los últimos años la formación de los guatemaltecos ha descuidado por completo el sentido de la responsabilidad que es parte de la ciudadanía y por eso es que somos un país en el que se privilegian las manifestaciones externas del patriotismo, pero se descuida el compromiso que demanda la ciudadanía.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


En efecto, pasadas las fiestas del 15 de Septiembre ni jóvenes ni viejos pensamos más en el país y nos volvemos a centrar en nuestro estrecho ámbito de supervivencia para llevar la vida sin hacer olas ni, mucho menos, comprometernos con cuestiones que calificamos como ajenas y que tendrían que ver con el sentido de la solidaridad. Suficientes problemas tenemos y encontramos en nuestra actividad cotidiana como para andar uno de Quijote pensando en los demás y dándole vuelta a problemas nacionales que, concluimos, de todos modos no se van a resolver aunque uno proteste y piense hacer algo para enfrentarlos.
 
  Si es con la violencia, suficiente tarea es para cada uno de nosotros sortear las enormes posibilidades de ser asaltados y despojados de celulares y demás pertenencias en plena calle por gente que actúa con la más absoluta impunidad. Bastante tenemos con ese andar de constante preocupación y temor como para andar uno pensando en por qué el Estado y sus autoridades no logran hacer nada para resolver el problema.
 
  En el plano de la ineficiencia de nuestras instituciones y el freno que ello significa para nuestras oportunidades de desarrollo como sociedad, ya sabemos que por más que digamos o hagamos, de todos modos los que tienen la sartén por el mango seguirán mamando y bebiendo leche. Es una perversa conjura entre poderes demasiado grandes, compuestos por la llamada clase política que toma las decisiones, y un poderoso sector empresarial que se acomodó en el juego de la disputa por los más jugosos contratos y las más lucrativas ventas que se pueden hacer y que, en las condiciones de nuestro país, son siempre al cliente más propicio a la componenda mediante el soborno, es decir, ese enorme contratista y comprador que es el Estado.
 
  Entender el sentido de la ciudadanía y nuestra responsabilidad en lo que pasa demanda asumir compromisos y va mucho más allá de señalar cuáles son nuestros derechos. Hablar de ciudadanía es hablar de obligaciones que tenemos tanto con el país como con la sociedad a la que pertenecemos y por ello, porque no queremos asumir compromisos, es más fácil empuñar una antorcha o marchar durante varias horas para hacer alarde de nuestro patriotismo. Es más fácil colocar banderitas con la más variada gama de azules que se pueda imaginar en los automóviles que entender que como guatemaltecos tenemos obligaciones y deberes.
 
  Nada de malo tienen las muestras externas de patriotismo, salvo cuando no van acompañadas de ese sentido de la responsabilidad ciudadana, del verdadero sentido de la ciudadanía que nos obliga a ser parte activa de una sociedad que con sus defectos y virtudes reclama la participación de todos. Justamente nuestra indiferencia, la falta de acción para siquiera exigir y demandar responsabilidad a nuestras autoridades es lo que facilita esa visión de mercado o plaza pública que se le asignó al Estado para que sea, ni más ni menos, que la fuente de negocios turbios y de pago de favores a los más vivos que supieron apostar para financiar las campañas ganadoras.