Entendiendo el dolor que genera la violencia en miles de familias es comprensible que ésa sea la principal preocupación de los guatemaltecos, no obstante que vivimos en un país en el que las personas se mueren de hambre, que no logramos enseñar a pescar a nuestra gente, donde nos cuesta generar polos de desarrollo y cuyo Estado se encuentra secuestrado y debilitado, lo que se traduce en la falta de oportunidades.
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No hay ninguna excusa válida que justifique que alguien engrose la filas del crimen, pero no podemos obviar una realidad histórica y es que muchos de nuestros niños que no se mueren a temprana edad, tienen casi asegurada una deficiente alimentación que luego deriva en una educación mermada, si tienen acceso, provocando que en numerosos casos quien quiera pasar de zope a gavilán, económicamente hablando, deba convertirse en delincuente raso o incluso de cuello blanco.
Hay temas ideológicos que han existido siempre y seguirán presentes en nuestras generaciones que nos hacen debatir el papel que debe jugar el Estado en la promoción del desarrollo y parte de esa corriente ha logrado el debilitamiento del aparato estatal haciéndolo inútil para proteger los intereses del ciudadano pero sumamente eficiente para mantener privilegios, alentar la corrupción y premiar a los inescrupulosos.
Soy creyente que Guatemala requiere de un Estado eficiente más que uno grande o pequeño, un Estado que tenga la capacidad de ofrecerle las oportunidades a aquellos que las persigan sin importar su raza, origen o antecedentes y un Estado que pueda apoyar a quienes no logran salir por su propio esfuerzo, pero que desean esa superación que anhela todo ser humano.
Soy creyente de que en Guatemala los que más oportunidades tenemos estamos obligados a contribuir un poco más para lograr que la educación, la salud preventiva, la seguridad y la justicia sean factores que nos permitan prosperidad económica generalizada para algún día salir del atolladero. Pero también creo que esos guatemaltecos debemos exigir con mayor rigurosidad que los impuestos de los chapines no vayan a parar a las bolsas de los que financian las campañas y los mismos políticos.
Es necesario que tengamos la capacidad de mover a más gente de la pobreza extrema a la pobreza, de la pobreza a la clase media y ésta a la clase a la que pocas cosas le faltan. Debemos entender que el empresariado responsable no es la causa de los problemas, así como tampoco lo es el Estado, pero tanto en uno como en otro, la irresponsabilidad, las actuaciones alejadas de los principios terminan siendo nocivas para un sistema que pareciera empeñado a condenar a su gente.
Los guatemaltecos podemos tener diferentes visiones políticas y económicas, pero no podemos tener diferentes valores, principios y raseros que nos hagan ver amoralidad en unas cosas, pero no en otras. Debemos defender lo que creemos porque estimamos que es lo mejor para el país, pero no porque deseamos mantener privilegios, corrupción e impunidad. Las nuevas generaciones debemos preocuparnos por generar acuerdos y mecanismos que nos permitan salir adelante.
Además de seguirnos preparando para enfrentar los grandes retos del siglo XXI, estamos llamados a quedarnos del lado del bien y a hacer más para cambiar las condiciones actuales del país. Tenemos que asumir el compromiso que implican estos tiempos que apremian de manera histórica al país, porque no puede haber mal que dure cien años y no puede haber pueblo que lo aguante. Cada quien desde su visión, debe procurar aportar soluciones y planes concretos.
Hemos venido oyendo durante siglos que la pobreza se erradica por medio de la generación de empleo, pero no nos hemos dado a la tarea de proponer mecanismos realizables que nos permitan alcanzar acuerdos para impulsar esa generación, consensos para encontrar formas creativas para poder competir con países como Costa Rica, el que ha invertido en su gente y que nos saca años luz, pero al que podemos alcanzar si privilegiamos la inversión en el humano.
Para ello, en las próximas entregas haremos nuestro mejor esfuerzo para poner sobre la mesa alternativas pensando en Guatemala y su gente.