Reformas constitucionales (I), Organismo Judicial


Luis-Fernandez-Molina_

Como todo guatemalteco, como cualquier ciudadano, tengo el derecho y la obligación de conocer los intentos de modificar mi constitución política. Animado por igual motivo hace unos meses me sumergí a fondo en las propuestas de Pro Reforma y ahora hago lo mismo con la que recientemente se presentó al Congreso. Por cierto que ignoro la atención o tratamiento que mereció la primera de esas reformas. Asimismo, desconozco el contenido de otras 5 propuestas que en los medios se mencionan.

Luis Fernández Molina


Ignoro por igual si éstas últimas ya se presentaron al Congreso como fue el caso de Pro Reforma. Es claro que cada ciudadano tendrá sus particulares visiones sobre la estructura jurídico-política del Estado, pero solo determinados funcionarios, instituciones pueden proponer el estudio y aprobación de tales propuestas; los ciudadanos de a pié podemos hacerlo si logramos conjuntar 5 mil firmas. Pro Reforma tenía más. Pero regresando a las últimas propuestas quiero  ir compartiendo mis comentarios en diferentes entregas; empiezo por un sector que conozco a fondo: las reformas al Organismo Judicial. En este paquete se incluyen varios aspectos que cabe analizar cada uno por separado; pero para empezar me voy a referir en particular a la modificación de los plazos de elección, esto es, el tiempo en que van a estar ejerciendo los cargos. Para empezar cabe recordar que actualmente el periodo es de 5 años para los 13 magistrados de la Suprema y casi 100 de Apelaciones. Los primeros se nombran por medio de comisiones específicas que se integran con sectores académicos (decanos), profesionales (Colegio de Abogados) y judiciales (asociaciones de jueces). Cinco años ¿son suficientes? ¿Son muy pocos o son muchos? Depende. El problema no consiste en la duración, está en el proceso de selección y remoción. Si el sistema garantiza la elección de un Vásquez Martínez, un Aguirre Godoy, un de León Córdova, un Herbruger Asturias, un García Laguardia, un Villegas Lara o muchos otros de altas calificaciones morales y técnicas, en ese caso ¡que sean vitalicios! ¿Y si no son buenos? Cuando estuve en la Corte Suprema se escuchaban quejas “ya mero se van”, “¡Cómo se les ha subido el puesto!”, “que resoluciones más absurdas, menos mal que les queda poco tiempo”, “si con 5 años se endiosan, qué pasaría si fuera más tiempo”, “tienen contactos políticos, pero no le va a durar mucho”, etc. Y lo que aquí digo de la Corte Suprema aplica igualmente a las Cortes de Apelaciones y lo que criticaron de mi Corte lo dijeron de la Corte anterior y la anterior y la actual. Por eso, en contra de “malas” Cortes el mejor remedio es el tiempo, acaso el único remedio.  Por lo tanto una extensión del plazo a 9 años no es garantía de mejores jueces y magistrados. La garantía está en el proceso de selección y en los mecanismos de remoción en casos de faltas (mecanismos virtualmente inexistentes) y para esas reformas no hay propuestas. Por otra parte debe tomarse en cuenta las peculiaridades del gremio de abogados; como en ninguna otra especialidad profesional los juristas dedican mucho de sus esfuerzos y tiempo a cursos de diplomados o doctorados. Conozco a varios colegas que tienen más de 10 diplomados y otros más de 2 doctorados. Claro, estudian para superación personal, pero también para sumar créditos. De esa forma las hojas de vida son voluminosas,  aparecen muchos diplomas y reconocimientos. ¿La razón? Obtener mejor punteo en las calificaciones de las sucesivas comisiones (a veces una actitud ingenua tomando en cuenta que “los pasteles ya están cocinados”). Sin embargo, retrata esa aspiración de todos los abogados por optar a algunos de esos puestos. Estando en la Corte oía decir “si vos llegaste o si llegó Fulanito, yo también voy a llegar”. Una aspiración legítima. En el caso de Corte Suprema y de Apelaciones (existen también para otros puestos importantes) este ejercicio se repite cada 5 años en medio de una febril campaña, que para unos sectores de abogados es casi festiva (reuniones, desayunos, almuerzos, cenas, etc.).  Pero si se amplía el periodo a 9 años las posibilidades de acceder a esos puestos se reducen a la mitad para todos los colegas. En resumen, lo que se debe mejorar es el sistema de selección y los mecanismos de remoción; por lo demás la extensión del plazo no soluciona el problema, solo lo profundiza.