A propósito de reformas constitucionales


Eduardo_Villatoro

Me ha seducido la lectura del libro “Constitución y constituyentes del 45 en Guatemala”, del doctor en derecho Jorge Mario García Laguardia, y aunque ya Oscar Clemente Marroquín se refirió a esa obra y Mario Cordero en la Sección Cultural de La Hora publicó una ilustrativa entrevista con quien fue magistrado de la Corte de Constitucionalidad y Procurador de los Derechos Humanos, entre otros cargos relevantes, me atrevo a reseñar someramente el volumen, con la lejana pretensión de que los diputados asomen sus ojos a esas páginas, para su provecho y en procura del interés nacional.

Eduardo Villatoro


La mejor forma de incursionar en esta tarea es acudir a las propias palabras del profesor García Laguardia en el prefacio del tratado, al subrayar que la Constitución de 1945 representa el paso del constitucionalismo liberal al constitucionalismo social, y produce importantes cambios y reconocimientos de nuevos derechos.
 
En los derechos políticos sobresale el reconocimiento del sufragio universal, el derecho de sufragio de las mujeres y de los derechos indígenas, ambos por primera vez en el plano constitucional, además de un entramado nuevo y especial de la parte orgánica del texto. Era el inicio de una nueva era.

Ese párrafo se escribe con facilidad, pero al leer el libro se puede apreciar que desde entonces, es decir, durante los primeros meses de 1945 cuando se discutió en la Asamblea Constituyente la formulación de una nueva ley fundamental del país, comenzaron a identificarse las dos corrientes que sustituyeron a las fuerzas antagónicas que prevalecieron en Guatemala casi desde su creación como República, los conservadores y los liberales, que a la luz  de los tiempos actuales no sustentaban sustanciales concepciones ideológicas oponentes.

En las deliberaciones de esa Asamblea Constituyente se observa las diferentes tendencias entre diputados de inclinación progresista, incluyendo algunos de disimulado pensamiento radical de izquierda, que incubaba a políticos que posteriormente se declararon abiertamente marxistas, y constituyentes de líneas conservadoras que, distanciados del derrocado régimen ubico-poncista, se resistían a cambios profundos en todo el sistema y que años más tarde serían el soporte de las fuerzas del anticomunismo que derrocaron, financiadas y arropadas por la CIA norteamericana, al gobierno democrático del presidente Jacobo Árbenz Guzmán.

Sin embargo, pese a la contraposición de ideas en torno a temas  controversiales como el voto de la mujer y del analfabeto, el rol del Ejército, la vigencia del Estado laico, los derechos de los trabajadores, el régimen de  tenencia de la tierra y otros, las deliberaciones no traspasaban los límites del respeto recíproco y la honrosa aceptación de haber sido vencido en los debates por el contrincante, sin que se atisbaran sobornos ni se conocieran presiones espurias.

¡Inmensas diferencias entre diputados honestos de todas las tendencias con ciertos especímenes actuales!
 
(El cronista Romualdo Tishudo se encuentra con un sabihondo diputado y dice: –¡Qué día tan espléndido! El arrogante político se pavonea: –¡Gracias! Se hace lo que se puede).