Austeridad


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La austeridad aquí y la austeridad allá. Equivalente a solo palabras y más palabras, en concreto nada, señores, a la vista. El Gobierno central y restantes poderes estatales, que debieran dar el ejemplo, no se oye padre. De consiguiente, la puesta en práctica queda a la población en general. Y esa situación concerniente a los de abajo siempre es una auténtica realidad, ejemplos abundan desde lejanos tiempos y continúan galopantes y evidentes.

Juan de Dios Rojas


El cambio sigue a la espera, anhelante día tras día, rumbo a la estratósfera y ubicación sideral el grueso de habitantes dudosos.
Si estamos en trapos de cucaracha por qué el derroche millonario prosigue campante en casas y cosas carentes de importancia. A manera de estafeta cada gobernante la pasa al sucesor, sean de la connotación ideológica cualquiera los partidos políticos que son sus postulantes lo mismo.
Reitero, la austeridad ofrecida durante el periodo preelectoral, cada vez anticipado en demasía, al final es solo el contribuyente bien reventado el actor principal. Ello significa ajeno al sentido contrario, obligado a apretarse el cinturón, pese a lo escuálido anatómico visible y seguro.
Familias antiguas comentaron el asunto en mención, sin alternativa alguna. Consejos prácticos o empíricos a flote, puntualizaron la fórmula conveniente. La misma se redujo a la praxis, así; gastar siempre menos de lo ingresado hizo posible la necesaria y urgente austeridad de inmediato.
Toda vez empezó la relativa estabilidad económica, dio inicio también otro ritmo de vida, como por ósmosis tras la búsqueda e imitación de los de arriba, además cayeron en ser esclavos de la moda. Aquí se creyó estábamos blindados. Un sonoro y destructivo error a las claras y peladas.
Que la austeridad flotando nada más en el aire pueda aterrizar lo antes posible. Cometieron y cometen endeudamientos extranjeros, sin pena ni gloria, gigantescos digan lo que digan. Gana espacios a tontas y locas el espejismo delirante, mientras se agrava dicho problema insoslayable.
Es el momento de que los tres organismos del Estado demuestren bien su lucha contra la corrupción vergonzante, y el nepotismo recalcitrante. Dentro de un plan real de gastos con moderación absoluta. Un desmoche de nuevos puestos muy bien renumerados. Habrá entonces seguridad en los connacionales si hay transparencia.