Patadas, golpes y codazos en campaña electoral


Oscar-Clemente-Marroquin

La elección presidencial de los Estados Unidos en el 2000 marcó el debut de un estratega que se distingue por su habilidad para realizar campañas sucias, mucho más allá del concepto de la campaña negra de la que tanto se ha hablado. Karl Rove, principal asesor de George Bush en esa campaña, se distinguió por su habilidad para destruir a los adversarios y luego, cuando se produjo el célebre fraude electoral, en Florida, para debilitar a los demócratas con demoledores ataques.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


En 2004 John Kerry fue objeto de los más sucios ataques por grupos llamados “comités de acción política” supuestamente independientes de los partidos, que pueden recolectar las cantidades de dinero que deseen, sin límite alguno, y que lanzan toda la porquería habida y por haber. En enero de 2010, en medio del estupor de los demócratas y de los independientes, los votos conservadores de la Corte Suprema de Justicia legalizaron el accionar de dichos comités y los sustrajeron definitivamente de los límites que la ley impone a los partidos, especialmente en cuanto al monto de lo que pueden recaudar y gastar en una campaña.
 
 En la campaña de 2008 contra Obama se usaron esas malas artes a diestra y siniestra y de no haber sido por el impacto que tuvo la crisis económica mal administrada por Bush en el electorado, seguramente que hubieran impedido el triunfo del primer candidato negro al que acusaron de terrorista, de islamista, de no haber nacido en Estados Unidos y de cuanta porquería se pueda uno imaginar.
 
 Obama protestó firmemente contra la decisión de la Corte Suprema de Justicia porque advirtió que el nivel de gasto en la campaña sería tan alto como el nivel de suciedad debido a la ausencia de control y responsabilidad de los partidos. Pero dijo que tendría que jugar conforme a las reglas dispuestas por los magistrados designados por los presidentes más conservadores y así lo está haciendo.
 
 La campaña actual es, con mucho, la más sucia y personal de todas las que se han librado en Estados Unidos. Ahora hasta los republicanos se quejan del tono negativo de la campaña de Obama pero como dijo Bill Maher en su último programa semanal en HBO, lo que pasa es que los republicanos estaban acostumbrados a que los demócratas se sumaran a la pelea en el bar con un pequeño cuchillo para enfrentar a gente armada hasta los dientes. Ahora que entraron con pistolas en la mano para librar la guerra en ese terreno en igualdad de circunstancias, Rove y sus discípulos se quejan de la negatividad de la campaña.
 
 Los republicanos ganaron elecciones destruyendo a sus adversarios muchas veces con falsedades del tamaño de la catedral. A Kerry le distorsionaron por completo su récord como senador y le regatearon sus méritos militares en la guerra de Vietnam. Con Obama fueron terribles al cuestionar sus orígenes y al sindicarlo de tener vínculos secretos con grupos terroristas. Obama les resultó, sin embargo, más firme en la guerra contra el terrorismo que el mismo Bush y por eso ese tema ahora no está en la agenda.
 
 Los demócratas decidieron este año pelear en el terreno de los republicanos y se han sumado a la campaña sucia. Pese a la idea de que el elector prefiere que se discutan temas, la evidencia indica que al final le gusta el pleito directo, los dimes y diretes entre los candidatos y en eso están ahora los dos partidos. Compitiendo por ver quién es más agresivo y sucio que el otro. Los anuncios que pagan los comités de acción política son devastadores, negativos y destructores. No hay propuesta más allá de demostrar que el otro contendiente no merece ser electo. Y ese es el ejemplo que nos ofrece hoy la “democracia más consolidada del mundo”.