El nuevo Procurador de los Derechos Humanos, Jorge Eduardo De León Duque, ha empezado su gestión con buen pie, anunciando como primera medida la reducción de su salario, además de haber dado un hermoso ejemplo de austeridad al tomar posesión en un acto modesto, sin vino de honor, sin boquitas, sin meseros y sin gastos innecesarios, pues considera que la Magdalena no está para tafetanes.
Fue un gesto de respeto para el pueblo de Guatemala, agobiado por una escalofriante pobreza.
En torno al nuevo Magistrado de Conciencia hay muchas expectativas. Lo importante es tener presente que se trata de uno de los profesionales mejor preparados en el campo de los derechos humanos, a lo cual se suma su juventud, su extraordinario don de gentes, su sencillez y su rectitud personal.
El nuevo Procurador, además de ser Abogado, tiene una Maestría en Derechos Humanos, con una impecable trayectoria académica.
Su padre fue el licenciado Ramiro De León Carpio, quien según un análisis histórico objetivo, ha sido hasta hoy, el mejor Procurador de los Derechos Humanos en Guatemala.
La segunda disposición del Procurador De León Duque, fue la designación de sus Procuradoras Adjuntas, siendo ellas la Magíster, Claudia López David, quien hasta hace poco era Directora de la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Rafael Landívar, y la licenciada Hilda Morales Trujillo, ampliamente conocida por su trabajo en defensa de los derechos de la mujer.
También anunció la creación de la Defensoría del Usuario del Transporte Público, cuyos derechos son pisoteados todos los días, dentro de un ambiente de vergonzosa impunidad con la tolerancia o complicidad de la administración municipal del alcalde Álvaro Arzú.
El nuevo Procurador tiene muchos retos por delante. Estoy seguro que la sombra de su padre lo orientará por el mejor camino, para lograr el rescate de la defensa de los derechos humanos, velando por la independencia de esa noble institución ante el Gobierno y los demás poderes que existen en Guatemala.
Uno de sus principales desafíos será eliminar el estigma que algunos sectores han creado, haciendo creer a la población que el Procurador de los Derechos Humanos defiende a los delincuentes. Para ello deberá estructurar una inteligente estrategia de comunicación, a efecto de cambiar la percepción de los ciudadanos, evidenciando con hechos que esa institución siempre será una aliada y una defensora de las víctimas de violaciones a los derechos humanos.
Su padre, el licenciado De León Carpio lo demostró con creces y de allí la envidiable credibilidad que tuvo en su momento, con una impresionante popularidad, siendo uno de los funcionarios más respetados y admirados por el pueblo.