La semana pasada, la Galería Rozas Botrán (16 calle 4-66 zona 14) inauguró una muestra artística dedicada a Doniel Espinoza, denominada “La persistencia de la ingravidez”, la cual estará abierta hasta el 12 de septiembre.

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Espinoza es “un artista de temprana vocación pictórica que desde muy joven incursionó en los temas de la naturaleza y lo urbano, todo muy cercano a su contexto y a sus afectos”, según comenta Erwin Guillermo.
De esta propuesta, nos maravilla la concordancia armoniosa entre sus pinturas anteriores “ancladas en el suelo”, contrapuestas al cúmulo de figuras de personajes reales, de ficción o extraídos de cuentos que nos presenta hoy, “en el cielo”.
Pintando así, lejos del suelo y más cerca del cielo, sus acuarelas se aproximan a la danza y a la poesía, manifestadas en los cuatro componentes ba?sicos de la pintura: forma, color, masa y luz. Y es que, con el paso del tiempo, la pincelada de Doniel se ha hecho luz, separándose de la época cuando sus cuadros proyectaban angustia existencial.
En la obra que exhiben los blancos muros de La Galería, el suelo y el cielo se convierten en absolutamente necesarios el uno para el otro, dando sentido a la dualidad del ser humano: el cuerpo y el alma. Erwin Guillermo opina que Doniel ha desarrollado un lenguaje pictórico propio y ha construido su propio universo imaginativo y metafórico.
Su pintura, agrega Guillermo, revela a un artista más dueño de su lenguaje y más confiado en el universo imaginativo y poético que ha logrado construir a lo largo de un penoso proceso de maduración artística y humana. Ahora, libre de tensiones y de urgencias, parece asumir su trabajo con una actitud sabia y reposada. Se complace creando grupos de personajes mínimos, situándolos sobre objetos de escala mayor: muebles, caballos y buques petroleros, cuya magnitud, por otro lado, está relacionada con sus afectos y aversiones. Sobre esos escenarios desmesurados, los grupos de personajes anónimos y mínimos se mueven, trabajan o simplemente se divierten, ajenos al propósito de sus desplazamientos y sus desarraigos; inconscientes, por ejemplo, de que el buque en que alegremente viajan va derramando petróleo sobre el océano.
En esta muestra de La Galería de la Fundación Rozas Botrán los personajes, ayudados por aves y globos, flotan, “proclamando la persistente ingravidez del Ser”, nombre con el que ha sido designada esta exposición, en la que el público en general y los coleccionistas en particular encontrarán una oportunidad para nutrirse, descubrir, cuestionar y asombrarse con todo el arte que encontrarán.