Un fiasco llamado Obando y Bravo


Eduardo-Blandon-Nueva

Conocí a su Eminencia, (así le llamaban en aquellos tiempos) el Cardenal Miguel Obando y Bravo, cuando era yo un aspirante animoso al sacerdocio con apenas catorce años.  Tenía acceso a él gracias a mi cercanía con el entonces Canciller de la Curia Arzobispal, Monseñor Eddy Montenegro, quien por ser mi padrino me permitía ciertos privilegios de comunicación con algunas personalidades del ámbito eclesial.  

Eduardo Blandón


Fue en 1982 me parece cuando lo conocí por primera vez en persona.  Era sin duda la personalidad con más credibilidad en aquella época.  Su figura, sin embargo, contrastaba con lo que simbolizaba: pequeño de estatura, regordete, sudoroso y casi incapaz de sonreír.  Es de Chontales, me decía mi padre orgulloso (él es de esas tierras), y se le notaba a leguas, su figura era la típica de un campesino de pueblo a quien el trabajo de sol a sol le había curtido la piel.

Los sandinistas lo odiaban y creo que hasta lo admiraban secretamente.  Monseñor Obando era nuestro Lech Walesa frente a unos guerrilleros que jugaban a estadistas.  La gente lo adoraba y más aún cuando el 25 de mayo de 1985 recibiera la birreta roja de Cardenal.  Fue una locura.  Su mejor momento.

¿Cómo no sentir admiración por él cuando era la única voz valiente frente al autoritarismo torpe de los sandinistas?  Él estaba siempre ahí, valiente, generoso y dispuesto a presentar batalla, como cuando los sandinistas hicieron una opereta digna de sus “grandes” alcances políticos en la misa campal de Juan Pablo II en aquel lejano cuatro de marzo de 1983.

Evidentemente, el pueblo nicaragüense no se hubiera extrañado que su Arzobispo se hiciera del Premio Nobel de la Paz. Eso se daba casi por descontado, pero a nadie le quitaba el sueño tal galardón.  Obando y Bravo era el profeta sin discusión de la feligresía católica, su héroe y de haber muerto a manos de los sandinistas, su mártir.  Pero las cosas cambiarían con el tiempo.

Y vaya que el tiempo hizo lo suyo.  Cuando en el año 2005 Roma aceptó su renuncia como obispo por tener más de 75 años de servicio, se creía que era insustituible.  Sin embargo, su sucesor, Leopoldo Brenes, ha estado a la altura de los tiempos.  Y la estrella del Príncipe de la Iglesia, el Cardenal Obando, ha caído meteóricamente.  Así el otrora enemigo jurado de los sandinistas, ahora es “pipito” de ellos.  La gente lo rechaza, lo repudia o en el mejor de los casos, lo ignora.  Obando y Bravo ha demostrado ser, según la sentencia de Nietzsche, muy “humano, demasiado humano”.

A estas alturas del partido no se sabe si está grave.  Radio Corporación en Nicaragua ha informado que padece de cáncer cerebral y que sus días están contados.  Pero, él mismo ha salido a decir que está más vivo que nunca, mientras Rosario Murillo estaba presta a llorar, como es su costumbre.  Siga vivo hoy o muera mañana, el Cardenal Obando pasará a la historia como un auténtico fiasco.