Abundan ideas para hacer un buen presupuesto


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La población guatemalteca está otra vez frente al escenario de todos los años, con las estériles discusiones entre funcionarios o diputados dejando de lado lo más importante, como es hacer un presupuesto en donde tanto ingresos como egresos estén balanceados, adicionalmente ajustarlos para buscar el bien común y no seguir cayendo en el eterno derroche, como en la espiral cada vez más peligrosa del endeudamiento.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


A todos consta que llevamos mucho tiempo sin que aparezca un político honesto, seriamente preocupado en reducir gastos, al contrario, cada vez el funcionamiento de la maquinaria estatal es más costoso olvidándose de seguir tantos aleccionadores ejemplos de otros países en que, aun teniendo mejores recursos, han adoptado medidas contrarias a la opulencia, como que cada político al llegar a ocupar un cargo público no lo haga para servirse de él sino a servir a su comunidad.

    Viendo un reportaje sueco, pude enterarme que su Primer Ministro habita en una preciosa residencia, aunque de apenas 300 metros cuadrados, que no cuenta con empleados para su limpieza, mucho menos con el inmenso aparato de seguridad nuestro. En otras palabras, los fondos públicos son utilizados en programas que van en beneficio de la población y no para beneficio propio. Piensan correctamente, los políticos no tienen derecho a ningún tipo de lujo ni privilegios. En Suecia los diputados son iguales en categoría o clase y nadie puede tener empleados o vehículos a su servicio. El Estado les brinda a los representantes del interior su alojamiento en la capital en un cómodo apartamento de 18 metros cuadrados, sin lujos, con servicios comunitarios de cocina y lavandería y sin empleados que presten los servicios de limpieza.

    Como podrán notar, tenemos distinta manera de pensar, ellos la sustentan en que toda persona que desee ocupar un cargo público debe tener en mente la ética de llegar a servir y no a servirse de él. ¿Podrá usted imaginarse cuántos miles de millones de quetzales podrían reducirse del presupuesto anual del Estado guatemalteco o bien reorientarse a los servicios esenciales que está obligado a prestar como los de educación, salud, crear y mantener la seguridad ciudadana y la infraestructura del país?

    Claro, después de lo escrito, usted podrá calificarme de idealista, de simple iluso o soñador pero, ¿hacia dónde va el país en el que usted y su familia viven, el que también seguramente va a seguir siendo la residencia de sus descendientes, si es que seguimos siendo indiferentes o timoratos para cambiar radicalmente el rumbo que ha tomado nuestra política?, ¿es que con los números que hoy exponen los actuales funcionarios no están pintando el claro panorama, en el que cada vez nos hundimos más y por consiguiente, el dinero que usted aporta con sus contribuciones se pierde  lastimosamente en la vorágine de negocios, corrupción y el derroche jamás visto en nuestra historia? Usted tiene la palabra.