Aproveche, haga su agosto, porque todos hablan de la feria según les va.
De la tradición popular.
Quizás la suerte de haber nacido el siglo pasado y vivir a pocas cuadras de la iglesia de la Asunción y del Hipódromo del Norte fue lo que permitió nacer en mí el amor por la Feria de la Asunción, la Feria de Agosto, que inicia un fin de semana antes del 15 y finaliza al siguiente.
De pequeña era mi hermano mayor, “el Rami” el que nos llevaba y con quien disfrutábamos del tiro al blanco, la pesca y la lotería de la cual nos movíamos hasta que alguno del grupo ganaba un par de vasos floreados, “vasos de feria” que al retornar entregaríamos a mi madre como un trofeo ganado en la batalla. Pasados los años, el recorrido lo realizaba con mi prima Magda con quien nos atrevíamos a entrar a la casa mágica a ver a la mujer que partían en dos, nos subíamos a las sillas voladoras y comíamos manzanas acarameladas. Por supuesto, luego de ir a la misa de las ocho en la que el sacerdote rociaba incienso sobre la imagen de la Virgen bellamente adornada con flores y papeles de colores. Más tarde regresé a la Feria del Hipódromo llevando de la mano a mis hijos, para entonces mucho había cambiado, con ellos jugamos argollas, boliches y futbol, ya las garnachas eran parte de la feria y los trastecitos de barro y carritos de madera habían cambiado por juguetes de plástico.
En la actualidad, las ventas de la feria inician desde la orilla con el Periférico, y Calle Martí en donde puede encontrarse una inmensa diversidad de productos, como ropa, maquillajes, trastos… junto a las champas con los deliciosos dulces de colación, las canillas de leche, colochos, matagusanos, chancacas, chupetes de miel, pepitoria, mazapán, anicillos y los rosarios de tuza de Xejuc. Y en el puesto siguiente a los juegos tradicionales “del cuyo” y “la pesca” se encuentran las máquinas electrónicas y aún se puede jugar lotería, comer algodones, tostadas y elotes locos. En fin pasar un buen rato con la familia y los amigos disfrutando de una de las mejores tradiciones populares que aún nos quedan y que se ha ido acomodando a la época para lograr sobrevivir.
Entre los pocos cines y ningún “Mol”, la feria fue uno de los lugares que disfruté en la infancia: permitía a los vecinos salir de la rutina y a los visitantes regocijarse de las actividades comerciales, sociales, culturales y deportivas, como dice Carlos Bailón, el Cronista de Ferias, a quien le dará mucho gusto que usted ayude a mantener vivas nuestras tradiciones, mientras disfruta de la Feria de Agosto en el Hipódromo del Norte.