Inicialmente trataremos con el lector el significado de la palabra Estadista, la cual es muy utilizada, aunque desconocida en su verdadera concepción y dimensión por muchas personas que la esgrimen, a pesar de que su significado es muy amplio.
Estadista, también hombre de Estado, distingue entre todos los responsables políticos de un país, aquellos que dirigen el Estado y controlan en forma significativa al Poder Ejecutivo o al Poder Legislativo. El término también puede designar a personalidades políticas, aun cuando no se encarguen directamente de alguna función del Estado, pero reputados como con capacidad suficiente en caso de acceder al poder, y/o con suficientes contactos e influencias políticas. Este calificativo también engloba o comprende a las personas que se encuentran por encima de las divisiones partidarias y de los sectores, en inquieta y creativa búsqueda del bien común, y asumiendo plenamente sus propias responsabilidades.
Muchas personas votaron por Otto Pérez creyendo que él sí iba a accionar y eliminar de un instantáneo plumazo a la delincuencia común, al crimen organizado y al narcotráfico. En su inocencia, el pueblo de Guatemala menos letrado, que es mayoría, también creyó que el militar eliminaría el hambre y la pobreza del país. Sin embargo, casi con plena seguridad, siguiendo órdenes superiores, el primer fiasco fue que ordenó el sistema impositivo de una manera tal que se castigara mayormente a las clases medias y bajas y permitió que los precios de la llamada “canasta básica” se dispararan por especulación.
El mandato neoliberal (La extensión de la iniciativa privada o la limitación del papel del Estado en los negocios nacionales) casi seguramente ordenó a Pérez concesionar tierra en usufructo a los españoles, en secreto, con aparentes ilegalidades y a espaldas de la población, con la finalidad de competir deslealmente contra la Portuaria Quetzal, para eliminarla y dejar a los españoles y los malos guatemaltecos que intervinieron en la negociación en el monopolio del negocio, incluyendo a los representantes del capital guatemalteco que están detrás. Obviamente el juramento presidencial se lo pasó por el funicular.
Evocando a Charles de Gaulle, René Rémond explica así sus cualidades más nobles: Charles de Gaulle también osciló entre la aspiración a la unanimidad nacional, y la incomodidad de ser el Jefe de una fracción enfrentada a otra. Solo, sin duda, los políticos que tienen talla de Hombre de Estado, conocen por cierto esta ambivalencia. Pero para el político común todo es simple, pues él no se plantea tantos interrogantes.
El gran problema que se vislumbra hacia el futuro con Pérez y Baldetti en la Presidencia y Vicepresidencia, es que muestran ser parte de una secuela, desde Justo Rufino Barrios, para la entrega del territorio; toda la infraestructura y los recursos naturales renovables y no renovables de la Nación; sobándoles la cara a los guatemaltecos letrados y no letrados, mientras dejan al país en quiebra y sin recurso alguno para enfrentar el futuro de sus generaciones.
Cuando asumió la Presidencia el nefasto Álvaro Arzú, Ana María, mi esposa, q.e.p.d., siempre tan aguda y lógica, me preguntó: “¿Qué hace un príncipe europeo en la toma presidencial de un pequeño país centroamericano?” y señaló, “Ya verás los negocios que harán con España.” La Empresa Eléctrica de Guatemala fue la primera respuesta.
¿Es Otto Pérez un Estadista? ¿Qué estima el lector?