La Niña Sosa, que torteaba mientras estudiaba los números negativos


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Tras tener seis hijos con su esposo, Alicia Tobar Grijalva de Sosa le sugirió a su cónyuge que terminara de estudiar. De esa forma, podrían tener mejores oportunidades de vida. Y así lo hizo. Ambos se habían conocido muy jóvenes en la aldea Zapotitlán, de Jutiapa. Por la falta de oportunidades educativas, los dos únicamente habían alcanzado a estudiar hasta sexto primaria.

POR MARIO CORDERO ÁVILA

Entonces, el esposo se inscribió en la secundaria para adultos, y finalmente terminó con sus estudios de diversificado. Pero después le tocaba a ella.

Doña Alicia tenía para entonces 44 años. Su último hijo tenía cuatro años; además, tenía que seguir trabajando para aportar económicamente a la familia y cuidado de sus niños. Pero contó con el apoyo de toda la familia, en especial de su esposo.

Se dispuso a inscribirse, pero le apareció un problema: no aparecía su constancia de sexto primaria. Y por mucho que buscaran, y que recordaran que ciertamente había completado la primaria, no le quedó más remedio que repetir el grado, casi treinta años después de haberlo cursado.

Esto no le bajó el entusiasmo. Al contrario, tan solo pidió a su maestra que le permitiera hacerle algunas modificaciones a su uniforme, porque, como siempre ha sido gordita, como confiesa, sentía que no le quedaba bien la falta con vuelos. Entonces, diseñó su propia falda, del color gris requerido, y con una blusa blanca, se dirigía día con día a la escuela. Obviamente, no tuvo la oportunidad de ir a una escuela para adultos, sino que tuvo que convivir con niños de diez u once años. Para entonces le decían de cariño “La Niña Sosa”, aludiendo al apellido de su esposo y porque tuvo que convivir con menores de edad.

Pero no todo fueron apodos cariñosos; al contrario, tuvo que soportar las burlas de personas mayores. De los niños no, dice doña Alicia, porque los niños siempre la trataron bien. Eran otras personas que la miraban por la calle, cuando caminaba rumbo hacia la escuela, y que le decían lo ridícula que les parecía a ellos al verla con su uniforme. Pero a doña Alicia esto no le importó, porque a ella siempre le gustó estudiar.

Para nadie fue sorpresa, salvo para ella, que la nombraran como abanderada; y es que su maestra y los niños no solo la respetaban por su edad, sino porque era dedicada y se esforzaba para mejorar su conocimiento.

El esfuerzo rindió frutos y concluyó ese año la primaria. Ahora le tocaba la secundaria, para lo cual estaba lista desde un año antes, si no hubiera tenido problemas con el certificado. Continuó con mucho entusiasmo, ayudada siempre por su familia.

Pero los contenidos empezaban a complicarse, especialmente en las Matemáticas. Y es que hubo un tema que le costó mucho comprender a doña Alicia, y es que no se explicaba cómo es que existían números negativos.

Por las necesidades de trabajo y del estudio, se llevaba sus cuadernos de Matemática y los ponía a la par del comal, y mientras torteaba intentaba estudiar. Miraba las páginas para ver si le encontraba lógica a los números negativos. Finalmente lo comprendió, pero esto indica mucho del carácter optimista de doña Alicia, puesto que si ella no sabía cómo eran posibles los números “rojos”, era señal de que no sabía de pérdidas, ni de deudas, ni de cosas que dejaba de hacer.

Al concluir la secundaria, la emoción y el gusto por el estudio hicieron que continuara Magisterio. Acá las diferencias de edades se borraron un poco, puesto que con estudiantes más grandes y altos ya no se percibía.

Pero otro tipo de dificultades sobrevinieron, como que se fracturó un tobillo, lo que la dejó en silla de ruedas por casi un año. El curso de Cuarto Magisterio fue muy difícil debido a esto, pero solo sirvió para demostrarse que ningún obstáculo podría detenerla. Finalmente terminó graduándose como maestra. Su sueño se había cumplido.

Sin embargo, ahora que ya estaba en camino y había vencido múltiples obstáculos, y se había esforzado tanto para mantener sus responsabilidades como madre, trabajadora, esposa y estudiante, sentía que algo le haría falta.

Logró su plaza como maestra en la educación pública, y posteriormente se inscribió en la Universidad para estudiar Pedagogía.

Pero en el transcurso murió su esposo, quien era el que le daba fuerzas en esta vida.

Sobrevino una época muy triste. Sin embargo, doña Alicia había superado tantas adversidades. Y en honor a su esposo, que la había ayudado y apoyado tanto para que estudiara, supo que lo mejor era continuar estudiando. Finalmente se terminaría graduando con el título de Licenciada en Pedagogía y Administración Educativa. Desde que retomó sus estudios a los 44 años en sexto primaria, continuó avanzando año con año con la aprobación de un grado académico más, hasta llegar a la licenciatura.

Su historia de vida ha servido para que muchas personas en Zapotitlán se inspiraran y tengan la fuerza para estudiar. Ella misma se molesta cuando ve a niños y adolescentes que dicen que no quieren estudiar, o que dejan de estudiar un tiempo, porque ella sabe que aunque sea muy esforzado, es lo mejor para los jóvenes.

Sus hijos también continuaron su camino. Y es que a pesar de que siempre la miraron atareada por estar al tanto de sus estudios, nunca les faltó madre que les ayudara, sobre todo para estudiar.

Por la fuerza de la costumbre, doña Alicia pretendía estudiar otra carrera, pero dificultades con el traslado y las sedes universitarias, ha hecho que sea un objetivo que por el momento está a la espera.