Chick-fil -A y la tolerancia intolerante


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Qué razón tiene Carroll Ríos de Rodríguez cuando le regala una máquina del tiempo a Voltaire y lo hace viajar al futuro, a nuestros días. Voltaire encuentra un claro abuso de sus ideas. El respeto por las ideas es tan apreciado hoy en día que siempre es más importante el respeto que la idea misma. Yo al menos encuentro tremendamente complicado que en la sociedad de hoy uno sea visto como ofensor y hasta como delincuente si uno se limita a decir la verdad sin ser políticamente correcto.

John Carroll


Como es posible que de un tiempo para acá es imposible  escuchar al Presidente en un discurso sin que menciones el ridículo asunto de “guatemaltecas y guatemaltecos”. Somos un solo pueblo, y la forma correcta de decirlo es “guatemaltecos” y punto. ¿Por qué insistir en crear divisiones que solo nos traerán más problemas?  En el cuento de ficción relatado por Carroll, Voltaire termina diciendo o pensando  “esta insensata sociedad estrangula el diálogo productivo, tirando la verdad al basurero”.
Pues analizando el interesante artículo de Carroll me encuentro en los medios internacionales con una noticia que le cae como anillo al dedo a la discusión.   Chick-fil-A es una cadena de restaurantes que tiene sus orígenes en el Estado de Georgia  a mediados del siglo pasado y que cuenta con un peculiar pero efectivo modelo de negocios.  El dueño y fundador  de Chick-fil-A  es el señor Truett Cathy quien desde su fundación ha sido muy fiel a los principios filosóficos y morales de la institución que hoy en día cuenta con casi 1,700 restaurantes en 40 Estados de los EE.UU. y esta manejada por su hijo el señor Dan Cathy. El señor Cathy provocó un revuelo tremendo cuando hace unas semanas le dijo a miembros de la prensa que él apoyaba la “definición bíblica de una familia”.  El comentario del señor Cathy resulto ofensivo para organizaciones de derechos de homosexuales quienes manifestaron su descontento y se movilizaron políticamente para lograr que autoridades de ciudades en donde está por establecerse Chick-fil-A dijeran que la cadena no era bienvenida y que no otorgarían los permisos y licencias necesarios para operar.  Bajo mi punto de vista esto es un claro abuso del respeto por la diversidad porque el señor Cathy no está haciendo nada más que opinando lo que bajo su punto de vista es correcto.  Sin dañar a nadie, sin atacar a nadie, sin lastimar a nadie está dando su punto de vista.  No me parece un abuso  que los homosexuales se pronuncien en contra del señor Cathy por sus comentarios, me parece abusivo que lo conviertan en un problema político y que se les permita tener  el apalancamiento político que esto significa.  De cualquier manera como suele suceder con estos grupos revoltosos  de vocación, defensores de lo indefendible, siempre con agendas políticas ocultas, de géneros, de ambiente, de animales, de razas y un largo etcétera, el tiro les salió por la culata porque resulta ser que los restaurantes del señor Cathy ocupan territorios, en su mayoría, identificables como religiosos y conservadores. Siendo un negocio que siempre ha sido identificado por sus altos estándares morales y éticos lo que se provocó fue el abrumador apoyo de sus clientes y amigos, algunos reportes hablan de entre 100 y 200 por ciento del aumento de sus ventas en los últimos días.  Largas colas de vehículos y personas se pueden ver en todas las tiendas de Chick-fil-A, algunos están allí para defender la libertad de expresión y algunos otros para manifestarse abiertamente en contra de la unión homosexual.

Lo que quiero exponer con esta historia es lo fastidioso que puede resultar abusar de esa desgraciada tolerancia intolerante, que no lo deja a uno decir ya prácticamente nada.