Mono temáticos


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La mayor parte de la gente, me parece, tiene temas en los que son particularmente sensibles y se solazan cuando tienen oportunidad de referirse a ellos. Es el caso, por ejemplo, de un amigo que cuando compartimos el mismo vehículo fastidia todo el tiempo haciendo evaluaciones exhaustivas de los carros que pasan cerca. “¿Ves ese carro de enfrente? tiene un motor poderoso con equis caballos de fuerza, es un poco gastón, pero compensa por la comodidad interna. El precio original era elevadísimo, pero con el tiempo se abarató. Cuando apareció en la película “Grease” fue la sensación del momento…”. Mi amigo es un demente por los carros.

Eduardo Blandón


Distinto le pasa a otro colega, que parece catador de féminas. Su tarea es considerar meticulosamente las dimensiones de las chicas con las que se topa. “Esa niña parece tener 25 años, pero puedo asegurarte que tiene más. Sin duda tiene mucha pintura, eso la hace aparecer tersa, juvenil y sin arrugas. Pero aunque tuviera 30, está como se la pedí a Santa cuando tenía 12 años. Puedo asegurarte que su historial sentimental es muy limitado y no es por falta de ofertas, que sin duda le deben llover, sino por la educación cristiana que puntualmente recibió. La prueba está en el crucifijo que cuelga entre sus pechos. ¿Lo puedes ver?”.

¿Cuáles son los temas a los que somos sensibles? Muchos. Yo he visto gente obsesionada por los deportes, la liga española, il calcio italiano, la Copa Davis, el béisbol, las olimpiadas, el mundial de futbol. Pero también he visto gente apasionada por la política, la religión, las comidas, la tecnología y hasta por los estudios. Al punto que quizá se nos pueda definir como “animales de obsesión”.  Creemos ser muy versátiles en materia de temas, pero francamente somos mono temáticos.

Eso es lo complicado de las reuniones a las que asistimos: nos aburrimos si no encontramos a alguien que comparta nuestras chácharas. Así, es divertido cómo exploramos en cada círculo al que nos acercamos. “Este grupo no me gusta porque solo habla de futbol.  Aquel tampoco porque habla exclusivamente de visitas a supermercados. En este sí creo acoplarme porque hablan en doble sentido y de sexo, mi tema favorito”. Y ahí nos quedamos, por supuesto.

El problema es que cuando no nos damos cuenta de esto, nos volvemos intolerantes y juzgamos mal a los que se las pasan bien hablando de cualquier tema. Algunos odian, por ejemplo, a quienes hablan de motos, marcas de carros o de negocios. Como que si el gran tema de la vida fuera hablar de religión o de la última Mac que salió al mercado. En realidad, debemos aprender a respetar las preferencias de cada uno y aprender de los gustos de los otros.

Cuánto no aprenderíamos de política y de mercado de valores si en una reunión social aceptáramos el reto de escuchar e interesarnos en temas en los que apenas somos novicios. Definitivamente tenemos que cambiar de actitud.