La ausencia del poder público en Guatemala


francisco-caceres

Debo confesar que pensé escribir este comentario sobre el tema de lo peligroso que se ha vuelto el uso de las motocicletas en Guatemala, pero mientras fui desarrollándolo me percaté que lo correcto era escribir sobre la anarquía imperante en nuestro país, causa fundamental que algo tan útil, práctico y hasta divertido se haya vuelto gran dolor de cabeza para nuestra sociedad. Al consultar el significado de la palabra anarquía en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española encontré la primera acepción, la que estimé oportuno citarla en el titular, aunque la segunda también describe lo que genera la ausencia de ese poder público: desconcierto, incoherencia y hasta barullo.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Por los 40 del siglo pasado pocas marcas eran las importadas desde Europa y Estados Unidos, pero cuando se produjo el boom industrial japonés aumentaron considerablemente, llegando a consolidarse como un tipo de vehículo vital para el desarrollo de nuestra economía. Hasta ahí todo bien,  pero nuestras autoridades por desidia o incapacidad poca o ninguna importancia le prestaron a su regulación, control, educación, capacitación, como al buen uso que debiera darse a este vehículo, para evitar que se volviera causa de sinnúmero de problemas, hasta llegar a ser considerado como el vehículo causante de sinnúmero de muertes hoy en día.

    La motocicleta, al igual que los taxis, se tornó en sinónimo de anarquía por el mal uso que le dan sus conductores, las estacionan en donde mejor les plazca, transitan por donde les da la gana, corren a velocidades peligrosas, a pesar de que algunas fueron diseñadas para transportar dos personas, constantemente vemos hasta más de cuatro encaramadas en ellas. ¿La autoridad que dice a todo esto? Nada, absolutamente nada. Permite que no porten placas de circulación, que circulen con el escape abierto produciendo ruidos infernales, contaminan el ambiente a más y mejor y no todos utilizan los indispensables cascos de seguridad, no digamos las luces, espejos ni el tan mentado chaleco, adminículo que ha dejado en ridículo a alcaldes, ministros y hasta presidentes.

    El gobierno central demostrando a lo largo del tiempo su enorme incapacidad para controlar el mal uso de la motocicleta prefirió quitarse la brasa de encima trasladándosela a varias municipalidades del país, aun sabiendo que no contaban con la legislación adecuada, mucho menos el conocimiento y la experiencia necesaria para realizar un buen trabajo en beneficio de la población. Así las cosas, hoy estamos igual o peor que por  los años 40, con la única diferencia que el número de vehículos se elevó de manera explosiva, provocando con ello que del descontrol pasáramos a la debacle, a una violación flagrante y constante de las leyes que nos rigen. No cabe más que preguntar entonces: ¿hasta cuándo Presidente y señores alcaldes?, ¿qué están esperando para cumplir con la ley y velar porque todos la acaten en beneficio del bien común?