El primer ministro británico, Tony Blair, finalizará hoy una visita de dos días a Washington, que pone punto final a una estrecha alianza con George W. Bush, poco días antes de dejar su puesto al frente del gobierno de Gran Bretaña.
En una conferencia de prensa conjunta en los jardines de la Casa Blanca Blair se despidió de la capital estadounidense, ya que el 27 de junio dejará el cargo, tras una década de respaldar incondicionalmente la política exterior de Estados Unidos.
Bush y Blair conversaron durante la cena del miércoles sobre la «guerra contra el terrorismo» conducida por Estados Unidos, dijeron asesores, después de que Blair iniciara su viaje con un llamado a los líderes mundiales a mantener el compromiso con Washington.
«El mayor peligro es que Estados Unidos se retire, que decida levantar los puentes y decirle al resto del mundo ’bueno, vayan y resuélvanlo’. Necesitamos a unos Estados Unidos comprometidos», dijo Blair a la cadena de televisión NBC.
Para Bush y Blair está cerca el final de una alianza forjada tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 y la guerra en Irak.
Fuera de Estados Unidos, se volverán a reunir una vez más como mínimo el próximo mes en Alemania en ocasión de la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8).
Para entonces, Bush podría estar en condiciones de llenar una vacante en el Banco Mundial si su asediado presidente, Paul Wolfowitz, es obligado a renunciar. Algunos expertos mencionan a Tony Blair como su posible reemplazante.
Bush y Blair elogiaron sus respectivos liderazgos, y ya se ha empezado a especular con que el final de lo que Time Magazine bautizó como «el show de George y Tony» podría dejar al presidente republicano más aislado que nunca.
En lo que concierne a Irak, sólo el primer ministro australiano, John Howard, llegó a dar a Bush un respaldo tan intenso como el que le proporcionó Blair.
Preocupado por la vieja forma de ejercerse el poder en el Kremlin, en Rusia, Bush se distanció de las políticas de Vladimir Putin. Mientras se encamina a la última parte de su segundo mandato, Bush podría encontrar nuevos aliados en lugares impensados.
Estados Unidos y Alemania, bajo la administración de la canciller íngela Merkel, han estado trabajando intensamente para mejorar unos vínculos que estuvieron muy deteriorados por la guerra en Irak.
Además, Bush está deseando trabajar con el «competente» nuevo presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.
Bush se reunirá con Sarkozy, Blair y otros influyentes líderes el próximo mes en la cumbre del G-8, y analistas dijeron que todas las partes estaban luchando para preservar las relaciones en medio de un forcejeo entre Estados Unidos y la Unión Europea por la suerte de Wolfowitz en el Banco Mundial.
El sucesor de Tony Blair será el actual jefe del Tesoro británico, Gordon Brown, después de que el Partido Laborista dijera que es el único candidato a reemplazarlo, y recibiera el apoyo de 313 de los 352 legisladores laboristas.
Los analistas no esperan que se produzca ninguna brecha en las «especiales relaciones» anglo-estadounidenses, incluso en el caso de que Brown no comparta la intimidad que Blair mantuvo con el presidente norteamericano.
Aunque entre ellos, tampoco faltaron los dolores de cabeza, según la Casa Blanca.
Estos van desde Irak y Afganistán hasta la paz en Medio Oriente, pasando por los planes nucleares de Irán, el cambio climático, el «genocidio» de Darfur y la liberalización del comercio.
Blair, quien no expresó el menor lamento por haber invadido Irak, argumenta que la insurgencia en ese país y la amenaza de los talibanes en Afganistán forman parte de una «lucha global más amplia», de la que el mundo no debe retirarse.
«Lo que más se le endilga a Blair es que fue el mejor amigo de (el ex presidente) Bill Clinton», dijo Ari Fleischer, el primer secretario de prensa de Bush.
«Â¿Quién hubiera supuesto que un conservador como George Bush y un laborista como Tony Blair tendrían miradas sobre el mundo tan similares?», agregó Fleischer.
Pero para la legión de críticos de ambos gobernantes, su decisión de invadir Irak pasó de ser una farsa a una tragedia fatal, que ha hecho del mundo un lugar más peligroso.
Tony Blair, primer ministro británico.