Estabilidad o “gato por liebre”


Edgar-Balsells

Las columnas de opinión principalmente de los que se consideran versados en temas económicos se han colmado del bombardeo mediático del gran temor a la “maquinita monetaria”. Y es que, como no hay almuerzo gratis en estos tiempos, debemos contarles a los estimables lectores que la actual coyuntura de reformas constitucionales ofrece diversas motivaciones para posicionarse en la esfera pública.

Edgar Balsells


Los aterrorizados por la “maquinita monetaria”, lograron meter un gran gol en el 93, aprovechando la oscuridad del punto, luego del Serranazo. Y empotraron el artículo 133 que le prohíbe al Banco de Guatemala darles financiamiento a los entes públicos y a las empresas privadas no bancarias.
Nótese que dichos señorones y señoronas fueron muy hábiles en no prohibir el financiamiento del gobierno central a los bancos del sistema, pues ni lerdos ni perezosos, aunque se hacen las del avestruz, bien conocen los intereses que los patrocinan y las tremendas fragilidades del sistema que propugnan.
Estos expertos parten también de un bombardeo a la opinión pública, endilgándole al régimen de Vinicio Cerezo una serie de hechos que a juicio de ellos “no se deben volver a repetir”, como es el caso de varios años de inflación mayor a los dos dígitos. ¡Pero lo magnifican como si hubiera sido la inflación alemana de los años veinte!…
Comparto con ellos y ellas el temor que toda sociedad debe tener por un endeudamiento desbordado, y es por tal motivación que en esta columna hemos escrito de tal tema hasta la saciedad, y también recomendado una profunda revisión de los situados constitucionales e institucionales que desmembran la capacidad de la política fiscal.
Sin embargo, deliberadamente olvidan en apuntar los ponentes de la liberalización financiera, que en sus primeros años ésta fue indiscriminada, y llevó  las tasas de interés a niveles nunca vistos, tocando incluso cifras de tasas de corto plazo de un 40 por ciento.
Todo ello generó abundantes “pelotazos” puramente especulativos y un financierismo rampante que llegó a su primera caída en tiempos de Álvaro Arzú y que fue el detonante no sólo de la derrota arzuista, sino de los problemas de bancos como BANCAFE, no digamos de Multibanco, el Banco Empresarial y de la quiebra de un montón de casas de bolsa, que licuaron los ahorros de cientos de familias guatemaltecas.
Quienes tanto pregonan por la “estabilidad” han sido también los ponentes de procesos poco transparentes en la contratación de deuda pública interna, con los bancos del sistema, en los que simplemente se va acumulando deuda impagable en su amortización total, recordándonos el período previo a la Reforma Monetaria de 1926.
Es cierto que el modelo actual tiene altas reservas y un sistema más abierto y orientado al mercado en sus aristas financieras, pero ello se hace a costa de remesas ingresadas por la diáspora guatemalteca de sufridos migrantes, y el estímulo de capital golondrina, que como dijo recientemente un columnista crítico, “mantiene a los bancos pupusos de liquidez”.
Todo ello es  producto de una liberalización financiera mal encaminada, llevada a cabo con muy poco ordenamiento, y que ha significado la predominancia de un capital financiero-especulativo emergente, que viene ahogando la inversión productiva y provocando recesiones.
No sé por qué los guardianes de la estabilidad, al observar sus hechos y acciones sugeridas, se me parecen mucho a aquellos moralistas victorianos, de los que luego se revelan las más bizarras pilladas libertinas!!!.