La tarea del maestro es reconocida en todo el mundo como uno de los trabajos más importantes y necesarios para una sociedad, entendiendo que la labor docente es más que una actividad o un servicio, pues se constituye en un ejemplo y un verdadero mentor para los estudiantes, reconociendo que cuando existe esa conexión efectiva entre ambos, el resultado es el desarrollo formal de la persona y seguramente alguien que tendrá mejores perspectivas como ciudadano.
En repetidas oportunidades se menciona que la educación es uno de los pilares más importantes de la sociedad, en su proceso de alcanzar un desarrollo integral de sus habitantes, esperando que ésta se constituya como el canal principal para el país y su largo proceso de transición hacia habitantes con respeto y capacidades suficientes para un bienestar propio y colectivo. Pero el término educación es extraordinariamente general, pues las consideraciones sobre infraestructura, metodología, acceso, idioma, contenidos curriculares, material didáctico, refacción escolar, calidad docente, e inclusive el hecho de la condición física o económica de los estudiantes, algunos de ellos que realmente hacen un esfuerzo en conjunto con sus padres para llegar a tener una educación básica. Y seguramente hay más circunstancias a tomar en cuenta.
Pero dentro de los aspectos a tomar en cuenta están los maestros, sujetos fundamentales en ese concepto de educación, puesto que es el enlace directo y conexión cognitiva y cognoscitiva con el niño, niña o adolescente quienes desde su temprana edad, hasta casi llegar a ser adulto, sigue una influencia de conducta, de conocimiento y de ejemplo hacia sus maestros, especialmente en una sociedad tan compleja con la nuestra, en donde por distintas razones la integración familiar no es la ideal, permitiendo que el maestro se convierta no sólo en una persona con quien el estudiante convive, sino además a quien le cuenta sus problemas, le consulta sus decisiones y le sigue en su ejemplo. Los maestros y maestras entonces se convierten en esos mentores sobre sus estudiantes, lográndolo no solo con el traslado de sus conocimientos, sino con la práctica y ejemplo diarios, lo que muchas veces motiva de forma positiva a alcanzar metas propias de los estudiantes, sin importar la edad que puedan tener. Eso es, por supuesto, en aquellos maestros cuya vocación es realmente la del saber y el enseñar, porque escogieron una profesión noble y sensible, que ayuda en la formación integral del ser humano. Ojalá el ciento por ciento fuera así.
Ante las recientes propuestas de profesionalización magisterial, impulsadas por el gobierno y otras instancias de la sociedad desde hace varios años, es importante mencionar que nadie duda que mejorar las condiciones de los maestros, profesionalizándolas, generará un beneficio muy importante para las siguientes generaciones de maestros y como efecto seguido, en aquellos estudiantes cuyos maestros cuenten con esa mejora en su perfil académico. Sin embargo, se critica mucho el mecanismo de darlo a conocer a quienes eventualmente les pudiera afectar, directa o indirectamente. La comunicación entonces, especialmente para definir los puntos de mejora en el pensum, se convierte en vital para evitar la oposición y al mismo tiempo, garantizar el éxito en el proceso de cambio.
El verdadero maestro enseña, se preocupa y alcanza méritos para sí mismo y a su vez inculca a sus pupilos ese valioso don de ser mejor ciudadano y ser humano. Para ellos, los de verdad, todo el reconocimiento y apoyo que se merecen.