Quienes leen con cierta frecuencia mi columna recordarán que anteayer propuse la reforma del artículo 205 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, como un aporte empírico y rudimentario encaminado a rescatar el frágil sistema democrático representativo en el país, contribuir a que no siga profundizándose la satanización de los políticos y coadyuvar a que los electores se sientan realmente representados en el Congreso e identificados con los parlamentarios elegidos.
Hice un ejercicio teórico respecto a los contrastes de idiosincrasia y de otra índole entre los habitantes del altiplano de San Marcos con los vecinos de los municipios de la región cálida de ese departamento, que elige a 9 diputados, varios de los cuales no conocen la totalidad de ese distrito, y de ahí que planteé la posibilidad de reformularlo en tres distritos, como lo expliqué el jueves.
Para continuar desarrollando estas ideas que podrían calificarse de descabelladas, pero también son susceptibles de que las afinen peritos en la materia, voy a referirme a otros dos distritos. Por una parte, el distrito denominado Municipios del Departamento de Guatemala, que son 16 y cuyos ciudadanos eligen a 19 diputados.
Al proseguir con mi exposición sobre este asunto, sostengo que aunque las diferencias entre vecinos de municipios del departamento de Guatemala no son tan visibles como lo que ocurre en San Marcos y Quetzaltenango, por ejemplo, sí hay diversos intereses entre los habitantes de Chuarrancho con los residentes en Fraijanes, v.gr., a causa de factores relativos a costumbres y otras particularidades.
Podría abundar en más ejemplos, pero por el espacio me limito a sugerir a los expertos que examinan las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que analicen que si los diputados deben tener una relación más estrecha con sus electores, el citado distrito electoral debería redistribuirse en, por lo menos, cinco distritos electorales, siendo uno de ellos el municipio de Mixco, que después del distrito donde se asienta la capital de la República es uno de los más poblados del país.
Los municipios ubicados al noreste de la ciudad capitalina podrían convertirse en otros dos distritos; otro más los que abarcan la cuenca del lago de Amatitlán, y uno más estaría integrado por los municipios de San Raymundo, San Pedro y San Juan Sacatepéquez y San Pedro Ayampuc, para que señalar una subdivisión caprichosa.
Se me ocurre que el mismo Distrito Central con sus 11 diputados debería ser objeto de estudio, tomando en consideración similares hipótesis ya empleadas para ejemplificar los casos citados, puesto que soy del criterio que vecinos de la colonia Justo Rufino Barrios tienen muy poco en común con habitantes de Oakland, e igual fenómeno ocurriría entre pobladores de las colonias Landívar y Quinta Samayoa con los residentes de La Cañada y San Lázaro.
Por supuesto –insisto-, estos aportes plasmados en papel son sencillas lucubraciones que persiguen adecentar la clase política, para que los partidos escojan entre sus candidatos a dignos moradores de los municipios y colonias o barrios capitalinos que, por tener identificación con sus comunidades, devendrían en reales representantes de sus electores, a manera de practicar la democracia al interior de esas instituciones políticas, al margen de otras reformas importantes.
(Romualdo Tishudo, asistente de una diputada, le avisa en La Aurora: -El avión en el que viaja su mamá viene demorado. Ella replica: -¡Ay qué lindo! Es mi color favorito).