No existe una respuesta mágica


Oscar-Clemente-Marroquin

Para romper el nudo existente en el país a fin de asegurar la persistencia de un sistema corrupto que enriquece tanto a funcionarios como a particulares que le sacan jugo a ese esquema perverso no existe una receta mágica y personalmente no tengo la respuesta más allá de saber que la democracia no es regalo sino que debe construirse con la participación ciudadana en todos los aspectos de la vida. Sé que en el largo plazo los padres de familia tenemos mucho que hacer para inculcar en nuestros hijos actitudes diferentes de respeto no sólo a la ley sino al derecho ajeno, afianzando valores éticos y morales, pero los frutos de ese proceso no los veremos rápidamente.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Es más fácil prostituir las mentes y provocar el abandono de viejos valores cuando se pregona que el éxito está en acumular dinero rápido y fácilmente a como dé lugar. Aquellas viejadas de preocuparse por el buen nombre carecen de sentido en una sociedad que no ve mal al sinvergüenza siempre y cuando tenga los recursos suficientes para demostrar que es persona de éxito. Hace un siglo uno de los problemas más serios del mundo era la proliferación de la solidaridad que se manifestaba en la profusa creación de sindicatos, en la existencia de organizaciones filantrópicas. Hoy en día al que se mete a babosadas por ser solidario lo agarran como tambor de jubileo hasta tratar de despedazarlo. ¿No es cierto, monseñor Ramazzini?
 
 Yo trato, en mi modesto campo de acción, de invitar a reflexiones sobre el cambio que nuestro país necesita, pero cuando uno ve, por ejemplo, las acciones de respaldo a la lucha para que se apruebe una ley contra el enriquecimiento ilícito, se da cuenta que son mínimas en comparación con el despliegue arrogante de quienes se oponen con todo cinismo a una ley que, justo es decirlo, no significa ninguna garantía de que las cosas vayan a mejorar porque falta ver que exista voluntad política de procesar a los que incurran en los delitos que sean tipificados. Yo creo que nos hemos resignado a que no hay nada que hacer, que los malos son más que los buenos y que siempre van a salir ganando.
 
 Creo que los guatemaltecos, viendo el tremendo y apabullante poder de la corrupción, preferimos centrarnos en nuestro día a día y desentendernos de lo que pasa alrededor. Y a lo mejor de vez en cuando nos toca la suerte de poder sobornar a un policía, de pagar por un favor o, si la cosa se pone buena, a hacer un gran negocio con el Estado y en esas condiciones mejor que no tengamos controles. Es una actitud cínica, lo sé, pero no encuentro una respuesta lógica a la indiferencia que mostramos (y me incluyo entre los indiferentes) ante un vicio que imposibilita al país dar el paso adelante en busca de su desarrollo porque los recursos se comprometen aviesamente sin darle prioridad a la inversión social y a lo que la población necesita.
 
 Si alguno de los lectores, especialmente de los que participan en los comentarios en nuestro sitio web, tiene la respuesta, gustosamente se la publico y si me parece me sumo a ella para contribuir de otra manera, pero hoy en día no veo más que notable indiferencia y apenas un puñado de personas, que estoy seguro no llegan ni a 200, que mantienen el reclamo, el activismo, la lucha, para tratar de marcar diferencias. Apenas si podrán ser unas decenas más que el número de diputados, pero sin el cuero ni el cinismo que muestra la contraparte para proteger a capa y espada el sistema perverso.