El papa Benedicto XVI reafirmó con vigor en su primer viaje a América Latina los dogmas de la Iglesia ante los jóvenes a quienes instó a llevar una vida casta y ante los obispos brasileños a quienes alertó contra el avance de cultos evangélicos y las tentaciones de la Teología de la Liberación.
En su mensaje a los obispos brasileños este viernes, el Papa denunció «el proselitismo agresivo de las sectas», la «multiplicación» de «siempre nuevas denominaciones cristianas» y «las embestidas del agnosticismo, el relativismo y el laicismo».
Le expidió además el certificado de defunción a la Teología de la Liberación, al afirmar que las ideas de esa corriente que tendió puentes con el marxismo en los años 60 y 70 «eran erróneas, pero esto ya lo saben todos».
También llamó a respetar «la santidad del matrimonio y la familia» y criticó «la herida del divorcio y las uniones libres». A los sacerdotes, les reiteró su deber de entrega «total a Dios a través del celibato».
Además recordó a los prelados que «el deber de conservar el depósito de la fe» exige «una estricta vigilancia».
Poco efusivo y menos seductor que Juan Pablo II, Benedicto XVI sin embargo no dejó de llenar los estadios y plazas en Sao Paulo, aunque en menor medida que su antecesor.
El jueves instó a 40.000 jóvenes latinoamericanos, reunidos en el estadio de Pacaembú, a «hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de vuestras esperanzas futuras».
Esos pronunciamientos levantaron ampollas en una región con la cual el cardenal Joseph Ratzinhger, actual Papa, ha tenido múltiples desencuentros que, como Prefecto para la Doctrina de la Fe, realizaba en los años ochenta las purga de teólogos y jerarcas progresistas.
Grupos católicos no perdieron la oportunidad de hacerle saber que su apego a la ortodoxia es chocante,
Los católicos «practican sexo por placer, usan condones, apoyan la diversidad sexual y no condenan a las mujeres que abortan ¿Cuándo cambiará la jerarquía de la Iglesia?», cuestionan pancartas colocadas esta semana frente a las principales iglesias en doce grandes ciudades brasileñas.
Responsable de ese mensaje es la organización Católicas por el Derecho a Decidir, que realizó un sondeo entre jóvenes católicos de Brasil, según la cual el 96% apoya el uso del condón, 79% aprueba el sexo prematrimonial y 88% cree que se pueden usar métodos anticonceptivos y seguir siendo buen cristiano.
«Aunque el Papa lo diga mil veces, los católicos no van a dejar de usar condón, ni los homosexuales o divorciados creyentes de comulgar. No le van a prestar atención, es una posición patética que no entiende que la realidad, al seno de la Iglesia misma, es diferente» dice Fabián Sanabria, un sociólogo del centro de estudios sobre la religión de la Universidad Nacional de Colombia.
La polémica se ha introducido ya en los debates previos a la quinta asamblea general de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) que el propio Benedicto XVI instalará el domingo en el santuario de Aparecida, a 170 km al norte de Sao Paulo, antes de retornar a Roma.
Esta asamblea definirá la estrategia pastoral que en la próxima década seguirá la Iglesia en la región que alberga a casi la mitad de los 1.100 millones de católicos del mundo.
La reunión de casi tres semanas, en la que participarán 162 obispos y un centenar de invitados, examinará fenómenos como el avance de las sectas protestantes y la disminución de fieles, pero también una agenda extensa con temas sobre sexualidad, educación, la emigración, las consecuencias de la globalización y hasta el cambio climático.
Se trata de la primera asamblea desde la de Santo Domingo en 1992 y la polémica que rodeó a sus antecesoras, especialmente la de Medellín (Colombia, en 1968) y Puebla (México, en 1979), amenaza con reaparecer.
Ya en enero, los obispos brasileños consideraron que el documento síntesis, de casi 160 páginas, que se debatirá no recoge en forma suficiente las diversas visiones internas del catolicismo.
«Es difícil hacer pronósticos sobre lo que ocurrirá en Aparecida. El discurso inaugural de Benedicto XVI puede ser determinante. Pero es difícil imaginar que una conferencia general del Celam pueda atacar el fuego en la base», reconoció en un reciente artículo el jesuita chileno Jorge Costadoat.