La lluvia trae el agua necesaria para la vida, sin agua no hay vida. También evoca diferentes recuerdos y estados de ánimo. La tristeza surge como el llorar del cielo. Hay mucha gente en nuestro país que ha vivido tragedias secundarias al llover profuso, tormentas, inundaciones y derrumbes que les han dejado pérdidas materiales y humanas, que han cambiado su estilo de vida deseado o deteriorado el ya propio. La lluvia tan necesaria para las cosechas de los agricultores, cuando es cuantiosa, también evita el crecimiento de las siembras, y los augurios de hambre se intensifican.
La alegría de la lluvia se ve manifiesta en la petición del agua necesaria para las siembras, en los escolares que al terminar el día viernes su semana de estudios se ven tentados a darse un baño gratuito con los uniformes puestos. Los niños, que desean jugar en los charcos, empaparse con agua, a quienes aún les resulta en asombro las manifestaciones de la naturaleza.
Los enamorados pasean juntos por las calles, uno al otro tratándose de cobijar del frío y del agua. Les resulta cómodo y romántico, el hecho de observar como es necesario el tener que acurrucarse, en donde las caricias y los besos en la vía pública pierden su carácter furtivo y gozan de permiso implícito.
El sueño, apetece más tiempo, la lluvia cae y suena como arrullo de una madre, que canta y acaricia a su hijo para que su dormir sea tranquilo, profundo y acompañado de ensoñaciones que le alegren la vida y le proporcionen alivio y esperanza.
Hay recuerdos que vienen con la lluvia, recuerdos tristes y los hay alegres, recuerdos de amores, de tiempos vividos, de seres queridos, de nuevas cosas, de viejas cosas. Recuerdos que están en nuestras memorias, pero también en nuestros sentimientos, que han dejado huellas en nuestra vida y que con la nostalgia que acompaña a la lluvia nos invita a rememorarlos.
La lluvia nos da un espacio para ocuparnos de cosas propias, de reflexionar y estar en compañía de nosotros mismos. Esta meditación y soledad nos hace bien a nuestra salud, sin mayor artificio nos eleva a una manera de trascendencia humana. Pueda ser que a algunos haga las circunstancias más difíciles, es decir, en su transporte, la vivienda, el trabajo, la salud, ya que durante los períodos lluviosos existe un proclive de ciertas enfermedades. Pero no podemos olvidarnos del encanto de la madre naturaleza al proporcionarnos el agua como elemento vital. En las urbes, la pobreza está allí, no por culpa de la lluvia, es cierto que está la hace más visible, así como propicia el evidenciar la suciedad existente.
La lluvia tiene un lenguaje propio para cada quien, tiene un sonido, un olor distintivo y nos proporciona millones de gotitas a manera de prisma para visualizar el mundo de diferentes maneras. Las aves acompañan a la lluvia con sus diversos trinos y cuando esta cesa se encargan de pedirle al cielo que vuelva a llover.
Tampoco podemos olvidar que muchos de los veneradores del arte han visto en la lluvia una fuente de inspiración. Que la lluvia, nos invita a ver al cielo, tomar un libro, a ver una película, a amarnos, a tomar una bebida acompañados o no. A hacer un alto ante las premuras y a respirar con un ritmo a menor lentitud.