“El dinero es un buen sirviente, pero un pésimo maestro”, Fracis Bacon
Las economías personales se han visto afectadas por el aumento de impuestos, la inflación desmedida, la satisfacción de las necesidades básicas, el consumismo y la satisfacción de parámetros de cumplimiento “emocional,” que han dictado los dueños del gran capital,
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y que de alguna u otra forma se han convertido en días exclusivos, en los que las personas gastan, para satisfacer a una persona en concreto, como la secretaria, la madre, el niño, las brujas, y un sinfín de celebraciones, un ejemplo más que inmediato, lo podemos encontrar el día domingo, “Día del Padre” en el que reportan los restaurantes y comercios un aumento a sus ingresos, pero asimismo existen otros gastos impredecibles, como enfermedades, accidentes, y compra de medicinas, gastos que debemos sufragar, si porque sí, ya que el Gobierno dentro de sus políticas no ha contemplado como un valor fundamental del Estado la vida del ser humano, primordialmente la salud, (diabéticos, hipertensos, problemas cardiacos, entre otros) todo lo anterior, aunado a la facilidad con que le proporcionan a las personas, tarjetas de crédito, trae como consecuencia el endeudamiento del individuo, quien prácticamente sin darse cuenta contrae deudas que superan su capacidad de pago, no por el monto de la deuda en sí, sino que por el alto porcentaje de los intereses a pagar por el adeudo contraído, los que aumentan diariamente, y la deuda con ellos.
La crisis económica que vivimos a nivel global ha repercutido como es lógico, en crisis para el país y, por ende para Juan y María Pueblo, quienes han visto como su capacidad de pago ha decaído notablemente, y los antiguos agiotistas se han convertido actualmente en los modernos extorsionistas, cobradores de las deudas contraídas con las tarjetas de crédito, o dinero plástico, el endeudamiento personal es tan alto, que una gran cantidad de personas tiene deudas que superan sus ingresos, por lo que, irremediablemente han caído en mora con los acreedores, dueños de las financieras, que se han hecho propietarios del crédito privado. Pero como negocio es negocio, y “poderoso caballero es don dinero”, sumado a que no existe legislación alguna, que controle los intereses usureros que generan las tarjetas de crédito, así como el abuso psicológico, ese que no se ve, pero se vive, se ha adueñado de todo nuestro entorno, por lo que se ha encontrado en el mismo, la mejor forma de lograr objetivos mezquinos, sin que aparentemente quede huella de una actitud por demás execrable, que funciona de la siguiente forma: 1) Llamadas por medio de una máquina que muy bien pueden realizar a las doce de la noche, cinco de la mañana, esté usted en un funeral, enfermo, o donde se encuentre, 2) El siguiente paso es enviarle notas amenazantes, con llevar a los tribunales el caso, utilizando personas y oficinas que se han especializado, para llevar a cabo el trabajo sucio, 3) Como hoy, todos los ciudadanos del país nos encontramos en línea, lo que significa, que existe cualquier cantidad de instituciones, empresas o personas, que cuentan con los datos personales de todos los ciudadanos del país, información reservada como fecha de nacimiento, DPI, o número de cédula, dirección física, número de teléfono, y toda la información posible, solamente hace falta, que sepan que comemos diariamente, colocan rótulos, en los postes cercanos a la residencia de la persona deudora, con la siguiente leyenda “URGENTE, MOROSO, FULANO DE TAL, LLAME A LOS TELEFONOS XXXXXX”, 4) Llaman al “cliente moroso” a su trabajo, y previa identificación, le indican, que ya se encuentra cerca la policía, y que se lo llevarán preso/a, por no pagar sus deudas. Todo este acoso, chantaje, extorsión o como se le quiera llamar, psicológico, ha llevado a infinidad de personas a crisis emocionales, como depresión, ataques contra su mismo cuerpo, e incluso me comentaban de algunos casos de suicidio, mismos que por respeto a los dolientes no puedo hacer públicos.
¿Quién regula los intereses más que leoninos que cobran las financieras propietarias de las tarjetas de crédito? ¿Hasta dónde puede llegar el abuso desmesurado en el cobro de intereses, que por una deuda real de Q5,000.00, se lleguen a deber hasta Q60,000.00? ¿Por qué si la Constitución establece que no existe prisión por deuda, amenazan a los morosos con la policía? ¿Cuál es la línea que divide el derecho de las financieras que cobran intereses usureros, de amedrentar a los deudores hasta llevarlos a estados psicológicamente graves, contra el derecho de los deudores de llegar a acuerdos, pagar sus deudas, sin tener que sufrir el acoso que soportan, solamente por no poder pagar en tiempo deudas leoninas? Leonino significa desmedidamente ventajoso para una de las partes contratantes, en relación a las tarjetas de crédito, quienes tienen todas las ventajas son las financieras, regularmente adscritas a un banco, o por lo menos funcionan en el mismo edificio, y el tarjetahabiente que no cuenta con ninguna ventaja, más que la de tener un crédito inmediato, con un límite preestablecido, y con intereses usureros, que debe pagar, pero esa situación tan especial, no les da potestad a las financieras, o sus cobradores, a tratar a los morosos como delincuentes, circunstancia que en la práctica, que día a día viven miles de guatemaltecos, ¿Cómo se sentiría usted estimado lector, si por atraso de 1 o varios meses en el pago de una deuda le llamen y le digan que la policía vendrá a llevárselo engrilletado, teniendo usted, las mejores intenciones de pagar la deuda, pero en condiciones racionales a su realidad económica? Seguramente atormentado, con vergüenza, angustia y temor, no sé en este momento, cuántas personas se encontrarán viviendo momentos tan difíciles, adicionales a los que se viven en este país, en donde el índice de natalidad es alto, la inflación desmedida, las condiciones de vida cada vez más precarias, sin empleo, alto índice de delincuencia, y como si todo esto fuera poco, usureros con supuesta ley en mano, les amenazan diariamente con llevarlos a la cárcel, cuando es ilegal, pero la mayoría no lo sabe, ya no más extorsiones, ya no más enriquecimiento de unos pocos, derivado del empobrecimiento de la mayoría, ya no más suicidios por deudas usureras. EL PROBLEMA NO ES LA POBREZA ECONÓMICA, EL PROBLEMA ES LA POBREZA DE VALORES.