Cambios


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Yo que soy la persona más negativa del mundo creo que son posibles. Y ahora hablo de cambios para la mejor conservación del medio ambiente a través de la solidaridad, la cooperación y la organización y descentralización.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es


Una de las cosas que más me gusta de Alemania es la responsabilidad que existe para organizar la basura.  Cuando maravillada vi cómo se separa la basura, se lleva al lugar adecuado y se reutiliza lo primero que pensé fue, en Guate se puede.

Por supuesto al comentarlo con compatriotas que viven por acá, los ánimos se me fueron al suelo: “no es posible”, aseguraron; “no hay ordenamiento habitacional”; “jamás se podría”.

Pero yo, ya recuperada de esas predicciones, creo que es posible. Claro que falta visión de las autoridades, difusión de parte de los medios de lo que representa para mal y para bien este proceso y un trabajo de redes que al expandirse puede ser muy beneficioso para el país.

Basta con capacitar a unos cuantos técnicos en el Ministerio de Ambiente para que puedan replicarse los conocimientos a otros técnicos o ni eso, personal de las municipalidades de los departamentos y municipios y por ende luego en las escuelas, las iglesias y otras organizaciones.

Concientizar a la población sobre lo útil que puede ser la basura orgánica, buscar espacios para que ésta repose y ahí hasta se solucionan problemas de abono a los cultivos.

“Soña”, me dijeron. “Si no hay castigos o multas no hay cambio”. Imagino que esto viene por la dificultad de identificar propietarios e inquilinos en la ciudad, quizá ahí sea más difícil, pero en los departamentos, en los municipios no es tan complicado y es posible.

Un ejemplo de esto es San Juan La Laguna, hay que ir y ver para aprender, para envidiar en este caso, creo que es válido, la organización, la limpieza y el compromiso de quienes ahí viven.

No estoy inventando el agua azucarada, es algo simple que veo a diario y que quisiera fuera posible en Guatemala. Son ideas que ya otros han sugerido, pero quizá de tanto insistir algún día se pueda. Por lo pronto podemos empezar en casa, separando la basura, haciendo composta en un pequeño espacio del jardín con los desechos orgánicos y dar el ejemplo a nuestros hijos. Quizá ellos puedan vivir con esas costumbres, tal vez ellos puedan ser más respetuosos con la naturaleza.