Mis principios me impiden decir algo por venganza, envidia o resentimiento, pero reconozco que desde el fondo de mi ser surge el deseo porque los 158 diputados del Congreso de la República al menos pudieran sufrir el diez por ciento de las necesidades y penas por la que está pasando la sociedad guatemalteca. De ahí proviene la reacción de la población en contra de la casta de legisladores, pues diariamente se comprueba que mientras esa pléyade de vagos siguen sin hacer nada por el país, en vez de legislar en busca del bien común, reciban injustamente emolumentos y granjerías.
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Y si el demostrado abuso de autoridad y la franciscana paciencia de nuestra población no fuera suficiente, la lenidad e incapacidad de los diputados también les permitió legislar para gravar tributariamente las pensiones que por jubilación y montepío, se merecen sobradamente los guatemaltecos después de muchos años de trabajo y por el aporte que de su remuneración se les descontara mensualmente. ¿Qué clase de representantes tenemos los guatemaltecos que, aparte de que la mayoría no cuenta con la suficiente preparación para realizar sus funciones, ni siquiera ostentan una pizca de sensibilidad social para no perjudicar más de lo que han sufrido los jubilados en Guatemala?, ¿es tan inútil el Congreso que a pesar que las leyes propuestas por el Ejecutivo deben sufrir un largo proceso para su análisis y evaluación, sus integrantes no son capaces de detectar las consecuencias que causarían a quienes por lo general lo que perciben en concepto de jubilación no les alcanza ni para sufragar el transporte colectivo, mucho menos para el sustento diario?
Jubilar, señores diputados, significa percibir una pensión por razones de vejez, por largos servicios prestados o ante la imposibilidad de seguirlos prestando o lo que es lo mismo, es la acción de dispensar a alguien que por su edad o incapacidad pueda seguirlo haciendo. De ahí que la ciudadanía tenga que preguntarles: ¿podrá esta prestación ser motivo de pago de impuestos?, ¿cómo también podría ser justo y equitativo que en el futuro se legislara para que una madre que recibe una pensión por estar próxima a dar a luz o porque acaba de recibir a su hijo también tuviera que pagar impuestos proporcionales a lo recibido?
Con el remedo democrático que seguimos viviendo en Guatemala cualquier barbaridad sugerida por el Organismo Ejecutivo se aprueba sin ninguna objeción, porque el Congreso ni tiene capacidad de análisis e interpretación, mucho menos la ponderación y justicia necesaria con todo y su enorme cantidad de costosos asesores. Mientras sigamos con el obsoleto método en que los diputados sean postulados y elegidos solo por los partidos políticos, impidiendo con ello el legítimo derecho ciudadano a elegir y ser electo, todo va a seguir igual. ¿Se imaginarán entonces la clase de reformas constitucionales que podrían promulgar con el fin de “reformar al Estado”?