Reforma constitucional y frustración de Baldizón


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Conjeturo que cuando el presidente Otto Pérez Molina anunció que propondría una reforma de la Constitución Política, el ex candidato presidencial Manuel Baldizón creyó encontrar una providencial oportunidad para resuscitar políticamente. Creyó encontrarla porque durante la pasada campaña electoral había prometido una reforma constitucional, por medio de una asamblea nacional constituyente.

Luis Enrique Pérez


Empero, Manuel Baldizón, con un candor propio de un negligente novicio de la política, supuso que el presidente Pérez Molina necesariamente propondría una reforma constitucional que, como la que él, Manuel Baldizón, había prometido, sólo podría ser aprobada por una asamblea nacional constituyente. Hasta felicitó al presidente Pérez Molina por su decisión de proponer semejante reforma constitucional, aunque realmente se felicitaba él mismo, porque pretendía que había sido el primero en proponerla.
   
    Manuel Baldizón se apresuró a proponer su propio proyecto de reforma constitucional, antes de que el presidente Pérez Molina propusiera su propio proyecto. También se apresuró a solicitarle al Congreso de la República que convocara a una asamblea nacional constituyente, antes de que lo solicitara el presidente Pérez Molina. Es decir, Manuel Baldizón intentó adquirir el liderazgo en el proceso de reformar la Constitución Política por medio de una asamblea nacional constituyente.
   
     Conjeturo que Manuel Baldizón consideraba esencial que la reforma fuera obra de una asamblea nacional constituyente, y no obra del Congreso de la República, porque, quizá con recursos económicos obtenidos durante la pasada campaña electoral, podía invertir para ganar  un número suficiente de diputados constituyentes, dispuestos a aprobar el proyecto de reforma constitucional, popularmente seductor, que él había propuesto. Es decir, si no dominaba el Congreso de la República, creía que podía dominar la asamblea. Empero, quizá principalmente, podía aprovechar el proceso de elección de diputados constituyentes para consumar una campaña presidencial preliminar.
   
    Cuando el presidente Pérez Molina anunció su decisión de proponer una reforma constitucional que no tuviera que ser aprobada por una asamblea nacional constituyente, Manuel Baldizón ya no lo felicitó, sino que lo acusó de estar “jugando con decisiones de Estado”, aunque convocar a la asamblea nunca hubiera sido una decisión presidencial, sino una posibilidad quizá originalmente contemplada. Manuel Baldizón también lo acusó de desistir de convocar a la asamblea, aunque el presidente Pérez Molina no podía haber desistido de aquello que nunca había decidido.
   
    Es muy improbable que los diputados del actual Congreso de la República convoquen a una asamblea nacional constituyente, para aprobar el proyecto de reforma constitucional propuesto por Manuel Baldizón, o para aprobar cualquier otro proyecto. Aparentemente sólo es factible una reforma que pueda aprobar el Congreso de la República, y que el pueblo pueda ratificar o no ratificar. Conjeturo que Manuel Baldizón está frustrado; pero sospecho que persistirá en encontrar la oportunidad de resurrección política que cándidamente creía haber encontrado.
   
    Post scriptum. El proyecto de reforma constitucional propuesto por Manuel Baldizón es producto de una pavorosa confusión sobre la naturaleza de la ley constitucional. Es una confusión explicable si suponemos que su intención no es perfeccionar jurídicamente la Constitución Política, sino convertirla en un medio para triunfar en un proceso electoral presidencial.