Serrano: un pedacito de la historia


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Buena parte de mi vida, sobre todo en los últimos años, me he interesado por tratar de entender algunos hechos que motivaron varios sucesos históricos en mi país y región. Principalmente aquellos que parecen haber cambiado estructuras. Sin embargo, a pesar de que estamos en la era de la información, se debe considerar que no toda la que se encuentra es de beneficio para el objetivo planteado.

Luis F. Arévalo A.
lufearevalo@yahoo.es


Es por esto que considero que La Guayaba Tiene Dueño, del expresidente Jorge Serrano, es indispensable para apenas construir una parte de la historia reciente de Guatemala, que por mucho tiempo se nos ha pintado de una manera uniforme.
En primer lugar, porque parece que la información se estandariza y lo que se refleja en diferentes medios de comunicación es la misma que se repite año con año desde 1993.
Creo, sin embargo, que no puede uno creerse o tragarse todo lo que Serrano dice en su escrito, que para empezar se mofa de todos los “éxitos” de las políticas que se implementaron en sus dos años y medio de gobierno y de las cuales, gran parte, al día de hoy perduran. Y ese es un mal del que padecen todos los gobernantes antes,  durante y después de su mandato.
Quien lo lee así nomás y obviamente no conoció al señor Serrano, como en mi caso -pues tendría unos siete años en el 93-, descubre el “yo-yo” interno del exmandatario, quien parece se sentía el ungido de Dios para “salvar” al país de los horrores que hoy padece y cuyos gérmenes ya aparecían durante su gobierno.
Que se lamenta, dice, de no haber concluido lo que empezó el 25 de mayo de hace 19 años, pues luego de su salida forzada del poder, donde participaron varios militares y entre ellos el actual presidente de Guatemala, parte del poder económico tomó el poder para servirse del Estado de una de las formas más descaradas que uno se podría imaginar.
Obviamente no dudo en que el Estado guatemalteco -desde su nacimiento- se encuentre al servicio de una clase que se beneficia mucho más que el restante grueso de la población y que al final de cuentas, los mandatarios, cualquiera que fuera el periodo representan a esa clase.
Sin embargo, algo que debe quedar claro es que, como dijo Fernando Carrera, actual secretario de Planificación, cuando Juan Alberto Fuentes presentó su libro Rendición de Cuentas, es que en Guatemala, “el Estado es débil y los poderes facticos, fuertes”.
Y agregaba que en toda América Latina los sectores empresariales –que serían uno de los poderes facticos, pero no el único- tienen influencia en la política, pero difícilmente tanta como en Guatemala. Y eso no solo se refleja en La Guayaba sino en los temas de impuestos y programas destinados a ese sector desde siempre.
Comparto plenamente lo que Carrera agregaba en la ocasión citada, de que “no existen empresarios exitosos en sociedades fracasadas”. Y por lo tanto, es de respondernos ahora en qué tipo de sociedad nos encontramos y si somos exitosos como tales.
Pero explicarse eso sería cosmético, porque si Guatemala se analiza desde la perspectiva de la economía política, donde cada actor social juega un papel de acuerdo a su posición en el sistema de producción, entonces nos daremos cuenta que, entre otros, existen los aparatos ideológicos del Estado -y funcionan de acuerdo a quien detenta el poder- y las guardianes de los dueños de medios de producción, los cuales, volviendo a Serrano, jugaron su rol y todavía lo hacen. Y yo agregaría que adecuadamente y no para beneficio de todos.